Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Same

Por fin me he armado de valor y he venido dispuesta a morir. Estoy aquí para darte todas esas explicaciones que tuviste que suponer tú de todo esto que nos pasó. Voy a pedirte perdón, porque sé que va a dolerte.

Sé que al principio todo eran apariencias y muchas peleas sin importancia, importancia que quizás tú no le dabas y yo sí. Después llegaron las excusas a un "todo" que ni siquiera sabía qué significaba ya. Y acabé por cuestionarme qué quería y, sobre todo, a quién. Y esta vez la respuesta ya no fuiste tú.

Perdona, quizás he quitado la tirita del tirón y ha escocido. Pero no quiero mentirte. O al menos no más.

Sé que no es justo, que no es tu culpa y que, posiblemente, yo sea la única cobarde aquí por no hablarlo contigo en su momento. Sé todo lo que vas a decirme porque todavía te conozco, la diferencia está en que yo ya no soy la misma. Me he vuelto de piedra porque en realidad sé que nunca empecé esto con todo el corazón. Seguía teniendo miedo. Miedo al dolor.  A la soledad. Y me he dado cuenta de que no se puede vivir a base de parches, que al final las cosas nunca terminan de arreglarse, y yo sigo rota...
Lo peor es que creo que tú también lo sabías y te auto-engañaste pensando que podrías arreglar mis rotos. Idiota, nunca te enteraste de que eso solo son palabras bonitas y nada más. Que esas cosas nunca suceden. Aunque tengo que serte sincera, yo también quise creerlo. Era lo mejor, para todos.

Cuando quise darme cuenta estaba en una espiral de recuerdos, cariño e incertidumbre que no me dejaba si quiera dormir. No es que siempre estuviera de mal humor, es que había olvidado como tratarte. Sí, lo olvidé. Lo olvidé porque quizás nunca llegué a aprenderlo del todo. Que sé yo.

También sé que pedirte que no llores va a ser en vano. Igual que pedirte que me odies, lo sé. Lo sé porque yo también tuve que lidiar mi propia guerra cabeza corazón y al final eso acaba eclosionando igualmente, y duele en muchos sitios a la vez. Pero no sé, piensa que no cumplí la promesa de quererte pese a todo. Que los planes de verano nunca pasarán de la imaginación. Piensa que he jugado contigo, mentirse a una misma siempre ha sido más fácil que mirar directamente a la luz y ser capaz de no llorar. Pero no cometas mis errores.
No busques el salvavidas que no toca. No te encierres. No vomites algo que al final, solo va a seguir haciéndote daño a ti. Y cuando sepas que ha llegado el momento, levántate, pero no tengas prisa.

Yo por fin me he armado de valor y he venido dispuesta a morir. A morir por ti, y a pedirte perdón por haberte matado sin previo aviso.

martes, 2 de mayo de 2017

Capítulo uno.

Estos días me he dado cuenta de que llevo un par de meses pensando que no me encuentro. He achacado a personas el apodo "error" por no querer darme cuenta de que el único fallo de la ecuación era yo.

Estoy cambiando. Y están cambiando mis letras. Mi forma de ver las cosas y de luchar por ellas. Y creo que es justo que esto también lo comparta con vosotros.
Los que me leéis desde el principio sabéis que innumerables veces he querido desaparecer de todo esto por no saber qué decir, o qué aportar. Que he tenido miedo demasiadas veces y me han roto un par, que han valido por mil. Que siempre he vuelto diciendo que esto es lo único que me hace respirar y que he sabido echarle cojones al problema y me he levantado después de jurar no tener valor de hacerlo. Los que no, lo habéis descubierto en base al momento en el que habéis aparecido y los que llegáis de nuevos, hola y bienvenidos.

Hoy quiero hablar de tú a tú. Sin hablar en plural, sin generalizar. De mi a ti. Y al revés.
Hoy me gustaría poder abrazaros a todos aquellos que utilizáis este blog para encontraros y recomponeros, porque a mí me hubiera gustado que alguien estuviera ahí en ese momento, pero no puedo. Lo único que puedo es contaros, desde mi punto de vista, como son las cosas. Así que creo, y digo creo porque a veces me cuesta mucho hacer que mis decisiones perduren, que a partir de ahora van a quedar atrás los textos de desamor y los intentos de poemas que solo hablan de dolor. Quiero hablar sin pelos en la lengua y sin preocuparme de que "quede bonito" al poner punto y final.

Y si me lo permitís, ayudaros. A cada uno de vosotros en todo lo que pueda.

Esta noche quiero haceros ver que a veces, cuando creemos que estamos tomando la decisión equivocada porque nos está doliendo, no implica que sea un error. A veces las mejores decisiones duelen, y durante mucho tiempo. A veces es mejor dejar ir, aunque pensemos que podemos controlar el dolor si ese 'alguien' está. Pero no. Siento quitaros la venda de los ojos tan rápido, pero no es verdad. Esperar que alguien deje de hacerte daño es como creer que va a llover en un día que solo irradia sol. Por mucho que cueste aceptarlo hay personas que nunca encajarán con nosotros de la forma que queremos. Y duele, ya lo sé, pero todo es cuestión de tiempo. Y sé que suena típico y que ahora mismo solo puedes pensar en respirar, aunque mañana te ahogues más. Pero no funcionamos así. No se trata de tomar pequeñas decisiones cada día y esperar que el tiempo se encargue del resto, porque no va a hacerlo. A veces parece que no queremos ver que nuestros sentimientos son, la mayor parte, nuestras decisiones. Nuestros intentos de continuar con algo que en el fondo sabemos que tiene fecha de caducidad.

Me gustaría que entendierais que el amor propio es el amor primordial. Que si no te quieres tú mismo no puedes esperar que la persona que venga te quiera por ambos, porque no va a hacerlo bien. No somos nadie para otorgarle a alguien la responsabilidad de querernos como nosotros no sabemos. No es justo. Así que no sé, piénsalo. ¿A la larga quién crees que va a estar para siempre? Si vas a ser tú, y lo sabes. Pero no te quieres, porque eso implicaría ser egoísta y admitir que claro que tienes algo bueno que enseñarle al mundo, pero que te da miedo que la gente lo vea y lo destroce. Y al final, entre secretos y amores complicados te acaban rompiendo igual, y te sientes mas solo.

Date cuenta de que al final, entre unas y otras, llegas al mismo punto de partida donde el primer paso hacia delante lo das tú solo. Y siéntete orgulloso porque no es fácil. No es fácil quererse lo suficiente como para anteponerse a alguien que te duele y que a la vez quieres. Si has llegado hasta ese punto enhorabuena, de verdad, y ánimo. Si todavía te quedan un par de casillas más solo puedo decirte que sigas adelante, sin miedo, sin peros, sin rechistar. Que todo en esta vida cuesta y aunque de pequeños nos enseñen en perseguir nuestros sueños, no implica no tener la opción de rendirse en algunos ámbitos para ganar el triple en otros más. No sé, haz balanza.

Y ahora, si has llegado hasta aquí, me toca darte las gracias. Por seguir leyendo y por ser un paño de lágrimas siempre disponible para que pueda vomitar todos mis secretos y miedos que no tengo valor de gritar. Gracias por darme la oportunidad de ayudar y por dejarme estar contigo un ratito.
Espero que te sirva, que reflexiones, y que te dediques tiempo para conocerte y quererte. Y si durante el camino pierdes el rumbo recuerda que sabes donde puedes encontrarme.

miércoles, 19 de abril de 2017

Si pudiera.

Si tuviera a mi yo de hace tres años delante de mí le pediría que fuera con calma. No por querer primero vas a querer mejor. Le diría que tuviera paciencia y que, con el tiempo, aprendería a no dar tan a la ligera el corazón. Le explicaría que no tiene culpa, que el amor viene y va y tiene por costumbre llevarse a personas por el camino. Le explicaría que si algo no puede ser no es porque el mundo te quiera en su contra, sino porque hay personas que nunca encajarán por mucho que se quieran. Le diría que dejara de odiarse y de echarse las culpas de cosas que quizás, y sé seguro, son de dos. Que no vomite palabras en momentos de rabia cuando podría arrepentirse después. Que siguiera cometiendo errores, pese a todo. Las personas son más humanas cuando cometen errores, no cuando aciertan. Después hablaría sobre esa espinita que tiene clavada y esa manía de echarnos sal a una herida que, en el fondo, no queríamos que cicatrizara.

Le contaría que hay cosas que creo que nunca van a cambiar. Las inseguridades seguirán. Y los miedos, sobre todo los miedos; pero que, hemos aprendido a querernos. A querernos bien, y a perdonar. Que a quien siempre quisimos en nuestra vida sigue ahí, y que aparecerá gente nueva con ganas de hacernos feliz. Aunque a veces nos cueste creerlo. Y, para terminar, la abrazaría, la abrazaría tanto que esperaría en un desesperado intento, recomponer todos los rotos que sé que tendrá que arreglar sola.

Y que, tal y como estáis viendo, arregló.

domingo, 16 de abril de 2017

Soy luz al final del túnel.

Me siento rara. He aprendido a dejar la mente en blanco porque por fin he aprendido a dejar cada cosa en su lugar, y ya no tengo remordimientos. He dejado de tener pesadillas porque ya no tengo miedo a perder o perderme. Me he clavado los pies al suelo y solo yo soy capaz de hacerme avanzar.
He optado por no dejar más sentimientos a deber y comprarlos todos para mí. Solo existo en un mundo que solo es mío. Por primera vez no hay terceras personas. Ni segundas. Esta vez solo hay una protagonista luchando por sí misma. Después he dicho adiós al amor porque ahora solo me interesa el propio. Le di el corazón a demasiada gente y por poco no me queda un trozo para mí. Pensaba que me había perdido innumerables veces y en realidad jamás llegué a hacerlo. Solo estaba siguiendo un camino que no era el mío y a veces no tenía con quien avanzar.

He tenido miedo a que nadie me echara de menos. A soltarle la mano a alguien que ni siquiera me la estaba agarrando ya. Miedo a creer que no soy suficiente y equivocarme. Me he atado a un clavo ardiendo pensando que después vendría algo más que el jarro de agua fría.

Hoy he entendido que siempre se ha tratado de mí y me he dedicado a mirar hacia los lados buscando motivos para seguir cuando siempre me he tenido a mí. Echando las culpas de mis pasos a personas que nunca me exigieron seguir, aunque yo lo hiciera.

Hoy asumo mi culpa. Hoy digo adiós a piedras que pensaba que serían parte de mi toda la vida y a muchos recuerdos. Digo adiós a mucho dolor. A malas decisiones que no he sido capaz de aceptar. Digo adiós a todo lo malo que nunca supo dejarme respirar, porque hoy siento que he vuelto a nacer. Siento que he abierto los ojos y que hay algo detrás de todas esas montañas. Porque hoy creo en mí por todos aquellos que algún día dudaron y por los que siempre confiaron.


martes, 14 de marzo de 2017

Un paso a la derecha.

Empieza a oler a quemado aquí. A mí me pican los ojos y eso solo puede significar lo de siempre.
Ya vuelvo a morderme el labio con tal de no llorar. Otra vez tengo que contar hasta diez para no explotar. Estoy cansada de sentir que soy una granada siempre a punto. El cero a la izquierda que no es capaz de creer ni en ella misma, y la estúpida que acaba echando de su vida a todo el que la quiere de verdad.

Supongo que a veces no existen las oportunidades, que tienes que ir tú misma en busca de ellas para que te encuentren y volver a llamar a alguien suerte, o peor, hogar.

Has tirado a la basura todos los recuerdos y del enfado siento que me arde la piel. De la rabia que llevo creo que voy a caerme al suelo y voy a romperme, otra vez. Siempre otra vez. Siempre pisando en suelo ya mojado y escribiendo lo mismo con diferente tinta. Siempre gritando que se acabó a sabiendas de que volveré a querer como si no hubiera un mañana, porque para mí algún día no lo habrá.

Me empeño en dar pasos agigantados hacia delante y solo estoy dejando el rastro de donde vengo porque me da miedo perderme en otros ojos. Estoy deseando que sea invierno para volver a dormir entre los brazos de alguien sabiendo que quizás, y seguramente, solo me tenga a mí. Y desde hace tiempo, no me basto.
Que no. Que a no me sirvo. Que me he vuelto un chicle usado, un bolígrafo sin tinta, un reloj en pausa y una película casi al acabar, o peor, sin final. Y no me sirvo.

A veces solo me tengo miedo. Sé que si me fallo voy a empezar a autodestruirme y soy capaz de hacerlo, aunque sea sin querer. Sigo teniendo miedo a dar el corazón por si me lo devuelven a trozos o ni siquiera me lo devuelven.

Echo de menos ir de la mano de alguien y sentir que estoy en casa. Echo de menos quererme. Escribir, de mí, por mí, y para todos, como siempre. Mirarme en otros ojos. Sonreír a la vez que alguien y el cosquilleo. Echo de menos las primeras veces. Los besos robados y los abrazos por la espalda. Me echo de menos. A mí.
Contigo.
Pero está empezando a oler a quemado aquí y sé que es porque te has ido. Sé que te has encargado de hacer cenizas todo lo que era de dos. Sé que me odias por no quererte como querías. De verdad que lo sé mi amor. Pero tampoco me importa.
Tarde o temprano el tiempo te enseña que hay a quién le toca esperar y hay quién hace esperar al siguiente. Yo he vuelto a ponerme en la cola, a ver si la suerte está de mi parte y volvemos a cruzarnos. A ver si tengo alguna oportunidad de poder llamarte de nuevo hogar.

martes, 7 de febrero de 2017

Cenizas.

Estoy resurgiendo de mis cenizas después de haberme caído aquella última vez.

Hoy,
hoy he olvidado todo el ayer.
Y mañana
solo es una oportunidad nueva
para seguir intentándolo.

Estoy resurgiendo de todos esos errores que un día cometiste y que achaqué míos.

Me he cosido todas las heridas a la espera de que dejes de sangrar,
que ya no escueces
que para mi ya no eres...

más
que
recuerdo.

Estoy resurgiendo de todo aquello que pensé que era nuestro y que hoy solo es mío.

Todos mis defectos,
todas tus dudas
y todos los platos rotos que nos hemos encargado de tirarnos
a la cara
sin hacernos heridas
al exterior.

Me partiste en dos el día que cerraste la puerta,
tanto,
que empezó a llover
incluso fuera.

Nunca quise volver a verme sin verte antes,
no me acepté hasta el día
en el que no hubo más
que cenizas.
Me ataste tan fuerte a ti
que el nudo se me hizo bola
y me ha costado respirar.

Y ya no quiero más que a mí.

No quiero seguir andando mirando los pasos que doy por no pisarte.

Porque estoy resurgiendo, ¿me oyes?

Porque tú cerraste aquella puerta
aquel último primer día
y yo abrí la ventana para empezar a volar;
y mi amor,
ya no.

Se nos agotó el tiempo para intentarlo
y me he encargado de mí
renunciando a aquella
maldita
primera persona
del plural.


lunes, 9 de enero de 2017

Tengo miedo.

Esta noche me he venido abajo
y es hora de decirlo en voz alta después de tanto tiempo.

Tengo miedo.

Miedo a perder otra vez algo que durante tanto tiempo he ansiado,
miedo a volver a sentirme incompleta.

Esta vez he gastado todos los cartuchos
y ni siquiera va a quedarme la opción de desaparecer si esto termina,
yo,
otra vez rota en pedazos
buscando a la desesperada
que alguien quiera volver a reconstruirme
que a mi se me han perdido las ganas de intentarlo,
otra vez.

Como si ahora no quedara nada
cuando siempre siento que todo esto se vacía,
el vaso,
el reloj de arena que hemos ido llenando cada día juntos;
y rompemos con todo,
con las promesas que dijimos pensando que serían verdad.
Con la ilusión,
mi amor,
qué vamos a hacer ahora que no nos queda nada.

Ahora que ni siquiera podemos hacernos
el amor
como el primer día.

Así que sí,
tengo miedo,
a que llegues
y otra vez
vuelva a ganarme la vida
en un pulso
al que ni siquiera
quiero luchar.


lunes, 2 de enero de 2017

Feliz año pasado.

La cerilla se ha apagado
y por primera vez,
me ha quedado claro
que te has marchado.

Ya no hay canciones de fondo,
solo escucho las manecillas del reloj
y siento que se me acaba el tiempo
que llego tarde
y ya nada vale.

Trescientos sesenta y cinco días atrás
estábamos dándonos nuestro primer beso,

¿te acuerdas?

Hoy es nuestro primer aniversario
muerto
en vida,
porque a estas alturas ni siquiera somos.

Mi amor,
que ya hace un año que te abrí mi corazón
y no sé dónde has dejado los trozos,
he buscado por todos lados
y sigo sintiéndome incompleta.

Esto no es como una de esas veces
en las que el odio dio de más
y el querer fue lo de menos,
porque te quise,
joder
te quise tanto que me duele hasta el alma
solo de pensar
que todo esto ya forma parte del cajón de los recuerdos,
a ver quién tuvo la idea de meterlos ahí,
porque yo no,
yo nunca.

Hace trescientos sesenta y cinco días
empezaba todo lo bueno,
el año,
la libertad,
el amor.
La vida.

Mi amor,
que no sé qué tengo que hacer ahora
porque estar sola
sabes que nunca se me dio demasiado bien
y la casa está tan vacía así,
sin ti
que ya no sé qué es respirar si no es cogiendo aire de tus carcajadas.