ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Serendipia.

Sé que no vas a creértelo,
que nunca fui de decir demasiadas cosas
y que,
aun así
tampoco parece que demostré las restantes.

También sé que a veces es más fácil irse
a intentarlo un poco más
y que,
aun así
siempre acabas por quedarte un ratito más.
Al fin y al cabo estamos hechas de eso,
de mucho tiempo;
muchos ratos invertidos en algo
que parecía que no tenía principio
y que
ahora,
ojalá no tenga final.

Anoche me fui a dormir pensando
que llevo tanto tiempo
intentando no mirarte a los ojos
para no paralizarme,
que al final me he topado
con esa sonrisa
que ha acabado rompiéndome los esquemas.

Hemos sido un caos
tan lleno de vida
que incluso nos ha asustado.
Hemos sido tantísimo tiempo
y miradas,
que creo que nunca había sentido tan cerca el abismo
antes de verte volver a casa;

somos un deseo
pedido a una estrella fugaz
una noche de verano
casi sin querer.

Y ahora,
que no me salen las palabras
y te he mirado
sé,
que en fondo
siempre supiste que estaba ahí,
que todo era real.
Sé que siempre te bastó con mirarme
para saber todo lo que quería decirte.

Que nunca tuvimos la necesidad
de perdernos
porque nos encontramos de casualidad,
como si en el fondo
estuviéramos destinadas a ser
parte de algo mucho más grande que nosotras.
Como si
hubiéramos podido
parar todo esto
cuando ha sido
más fuerte
que nosotras.

Sé que no vas a creértelo,
que el miedo a veces
gana pulsos,
pero no guerras.
Que quererse siempre
es apostar
de más
a algo demasiado inestable;
pero incluso en las malas,
aunque me quede tambaleando en todo esto,
seguiré manteniendo
que
quererte
siempre mereció más la pena

que cualquier vida sin haberte conocido.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Nos ha llegado el invierno.

Sé que estas cosas siempre sorprenden
pero que tú ya sabías que esto pasaría.
Se ha acabado el tiempo que teníamos
y he dejado de tener ganas
y actitud
para tirar de un carro
que lleva demasiado peso,
y que ni siquiera es mío.

Nos ha llegado el invierno
y nos ha pillado destapados,
a media noche
y con un montón de sueños que no van a cumplirse.
Tú ya lo sabías
y yo,
ahora 
simplemente
me limito a darte la razón.
Y podrás llamarme cobarde,
que aun así sé que es el momento de irse,
de buscar un camino
que tampoco sé dónde va a llevarme
pero que no es aquí.
No es contigo.

Cuesta abajo y sin frenos,
en pleno invierno
y con un montón de dudas
que nunca nos ayudaron a creer en esto.
Ahora,
tengo que decirte
que una retirada a tiempo a veces es una victoria;
pero que sé que si se trata de ti
pierdo,
es solo que
hace tiempo que tampoco me tengo a mí.
Y te echaré de menos
cada
maldito
día
que me quede,
porque aquel día
que tuvimos valor de empezar todo esto
te lo dije de verdad,


eras tú o nadie más.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Wishes.

Me di cuenta de que las cosas iban bien cuando apareciste
y, de repente,
brillaba más el Sol. 
Supe que el destino había hecho de las suyas
y que por fin se había cumplido mi deseo. 
Eras tiempo
y yo las ganas de intentarlo una vez más 
como si siempre fuera la primera. 
Eramos un desastre a punto de 
convertirse en estrella fugaz. 
Y qué paz,
qué de vida me diste solo con mirarme. 
Qué suerte tuve
y que poco supe verlo. 
Aunque sabes que yo no creo en esas cosas,
que la suerte es para tontos,
que prefiero llamarte casualidad,
aunque no existan. 
Que, a veces,
me gusta llamarte
destino,
y creer que esto siempre estuvo escrito,
solo que nosotras estábamos en otra página. 
Y que cuando callas,
cuando ríes
y cuando lloras;
me gusta pensar que acerté aquel día
jugándomela a todo o nada
con tu as en la manga
y mi polvo de hadas,
como si pudiera ser verdad
que nunca nos hubiéramos buscado
sin querer;
queriendo
que fueras tú 
sin saber siquiera tu nombre. 
Y ganamos,
vida,
y desde entonces ya no pido
deseos
porque no necesito
nada
ni 
nadie más. 

martes, 7 de noviembre de 2017

Weakness

Se ha roto.
Sé que se ha roto porque el frío no es igual
y yo
he dejado de mirar a la gente sin pestañear.

Ahora soy capaz de coger aire
y llenar los pulmones de ilusión,
y da vértigo.
Sé que lo sabes
y que pretendes aparentar
que no tienes la capacidad
de enterarte de lo que está pasando aquí.
Pero lo has roto,
y esta vez no voy a llamarte
amor
porque he aprendido que
cuanto menos dices
más alto llegas.

También sé que aquí la única cobarde
no he sido yo
pero que, aun así,
no vamos a permitirnos el lujo
de demostrarle a nadie
que hemos sangrado más
noches
que
días.

Tampoco vengo a agradecerte nada;
sabes lo que has roto
y que prometí
ser lo suficientemente fuerte
como para no dejarte entrar
en el mismo sitio
que sé que
a día de hoy
llamas hogar.

Y ahora los días son más largos de lo normal
y las cosas ya no duelen tanto,
no son tan frías.
Te has permitido el lujo
de romperme
la puta barrera
y te he dado la oportunidad
de romper un par de cosas más
que nunca tendré valor de decir,
aunque ya lo sabes.
Siempre supiste de que se trataba
y, aun así
quisiste quedarte a ver
qué había más allá
de unas letras.

Ahora que lo sabes
y que yo me he dejado ver demasiado
solo puedo pedirte paciencia
y tiempo;
la primera para soportar todo lo que venga
y la segunda para pasarlo conmigo.
Y, por último,
sin dejar de ser lo más importante
te pido a ti,
con tus manías
para convertirlas
en mis
defectos
favoritos;
y tu risa,
ojalá nunca me quites la oportunidad
de escucharte reír así,
aunque sea de mí,
aunque sea por todo.

Ríete,
ríete tanto
y tan fuerte
que hagas olvidar que existe un mañana,
una vida sin ti.
Porque
negaré que lo he dicho,
pero yo ya no quiero volver a despertar
sin verte mirarme así,
así que
ojalá
nunca
dejes de
hacerlo.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Dentro de mi.

Si me quedaran cosas por decirte seguramente no estaríamos hoy aquí.
Si me quedaran cosas por decirte
sé que habría ido a buscarte.

No puedes culparme por no quererte
como te quise,
porque fuiste tú
quien se fue
dejando la puerta entreabierta
esperando ver quién iba detrás.

Así que dejé de quererte
de la misma forma
en la que me arrancaste
parte de lo que era
para llevarte un recuerdo de esto.
Recuerdos,
para qué
si ahora solo somos dolor
de algo que nos llenó de felicidad.

Para qué,
si ya no te quiero
ni me quiero de menos,
si ya solo nos echo de más.

Ya no nos quedan excusas para creer en algo
que no fue de nadie más,
y que tampoco lo será.
Que fue nuestro
tan poco,
y a la vez tan nuestro,
que al final dejaste pasar a los invitados
y hubo gente de más.

Y no hablo de tiempos o de intensidad,
tengo que serte sincera,
hace días que no recuerdo ni en qué lado de la cama dormías
y tengo tanta pena dentro
que voy diciendo por ahí que no te tengo
ni quiero hacerlo
para ver si llego a creérmelo de verdad.

Ya sé qué vas a decirme,
que no tiene sentido
pero,
cariño
en realidad
tú y yo nunca lo tuvimos.
Ni lo nuestro.
Fuimos una mezcla de agua y aceite que intentó fundirse
y acabó más separada.

Fuimos el salvavidas
y, aun así
nos hundimos con el barco
por la cabezonería de no querer bajar.

Fuimos un capricho que se coló dentro
llamando a la puerta
y acomodándose en el sofá;
y aunque ahora no sirva de nada
ni sea
ni quede más que rebuscar,
menudo día
aquel
en el que nos decantamos por intentarlo de verdad.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Por qué no te quiero.

Sé que estas cosas nunca se esperan,
que creías que no sería capaz
y que no tendría nada que decir aquí.

Hoy vengo a contar las razones por las que no te quiero,
para que quede claro
por qué sí.

No te quiero por tus cicatrices,
ni tus malos días;
no te quiero por como me miras
ni por todas las noches que consigues
que deje de dormir.

No te quiero por todos esos días
en los que querer
está de más.
No te quiero por tu capacidad de borrar cada desastre
y culparme de los demás.

No te quiero por como sonríes,
ni por la cara que pones cuando estás a punto de gritar.

Te quiero porque ves mis cicatrices
y las haces tuyas;
porque contigo
nunca
es nunca más
en un mal día.

Te quiero por como me miras 
cuando estás despierta,
y por no dejarme dormir
haciéndome pasar las noches en vela
viendo como sí que lo haces tú.

Te quiero por tus idas y venidas,
por tus prisas
y los detalles a la hora de hacer las cosas bien.
Por los gritos,
por tu forma de abrirte en canal,
y por la mía
aunque obviemos que nos estamos dejando al descubierto.

Te quiero porque contigo no hacen falta las corazas.
Porque solo hay corazón
y tiempo.
Y días;
y ganas.
Porque vuelves.

Te quiero porque contigo nunca tengo miedo,

sé que no voy a perderme.

Te quiero por todo lo anterior,
por las sumas
de los días
que restan
los que quedan
para volver a abrazarte.

Y te quiero porque sí,
porque
era inevitable no hacerlo.

lunes, 9 de octubre de 2017

Roar

Tengo tantas cosas en la cabeza que no sé
ni cómo empezar.

Podría pedirte perdón por haber llegado hasta aquí,
por ser cobarde;
pero tengo excusa.

Tenía miedo,
sí,
miedo.
Bueno,
aun lo tengo.

Tenía tanto miedo a sentirme sola
que al final
he acabado
por
quedarme
únicamente
yo
aquí.

De todas maneras, te digo,
y sin maldad ninguna,
que tú tampoco me llenabas.
Que no es rencor.
Ni despecho.

Que es verdad.

El vaso pasó a estar medio vacío
en vez de medio lleno.

Y te pido perdón,
esta vez de verdad,
porque sé
que a partir de ahora
va a ser lo único
que me dejes hacer por ti.

Ahora solo
somos los restos
de todo
lo que fuimos.
Aunque no duela
ni rompa,
somos tiempo pasado,
alegrías
y pérdidas.

Somos pasado,
y hacía tiempo que me daba miedo
decirlo en voz alta;
pero hoy,
hoy no importa
porque lo he entendido.

Hoy sé que siempre vendrán días mejores,
y personas
e ilusión.
Mucho yo
y mucho para mí.
Mucho para ser con los demás,
y para quererme.

Así que te pido perdón
por última vez
porque va a ser lo último
que me deje
hacer por ti.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Es mi hora.

Esta noche todo está en silencio y, aunque creí que sí, aún no ha llegado el frío. Todavía no duelen todas esas heridas que hiciste y que me haré yo. Todavía estoy a tiempo.
Sé que estoy en un camino que puede llevarme a muchas partes. Y por primera vez sé que ya no quiero que seas tú. Es hora de encontrarme, de entender y encajar todas las piezas del puzzle. Es hora de ser en primera persona sin que duela no ser el plural. 

Es hora de dejar de creer que pensamos en dos cuando hace tiempo que ni pienso en mí. Hora de ser egoísta para quererme todo lo que te faltó, y sumar. Sumar días arriba para no dejarme caer por un precipicio que no me aporta nada. Porque tengo dos direcciones, y esta vez ninguna lleva tu nombre. Ninguna me lleva a ti. 

Es de noche, estoy sola en mi habitación y no puedo evitar recordar todas las noches que pasamos aquí. Hay demasiado silencio y aun así, sigo creyendo que escucho tu risa. Y ahora, mi amor, que ya no eres mía, ni nuestra. Ahora que solo quedo yo y empieza la guerra, la mía, tengo que decirte que aunque duela, a veces es mejor irse antes de detonar la bomba y sé que siempre supiste que algún día explotaría. No te culpo, al menos ya no. 
Ya no. 
Ya no más días,
ni noches,
ni cenas,
ni besos.
Ya no más nosotras. 
Y qué pena, 
que algo que fue tan grande
al final
se haya convertido en cenizas
como algo cualquiera;
qué pena
que al final
parezca que
no
fuimos
diferentes. 

Qué pena que ya no importe,
que pena
vida,
porque ya no puedas
volver
a llamarme
tuya. 


jueves, 21 de septiembre de 2017

A la espera en tu portal.

No suelo hacer las cosas así,
sabes que nunca fui de huir.

Hoy me he dado cuenta
de que todos los días
van a dejar de ser
"esos días"
si no estás aquí.

Sabes que a mi nunca se me dio bien
eso de correr
en dirección contraria a ti,
y no sabría explicar por qué hice las cosas así,
ni siquiera por qué aún sigo aquí
a medio camino
de todo lo que fuimos
y a su vez
de olvidarlo.

Hoy me he dado cuenta
de que nunca quise irme
pero que
me abriste la puerta
aquel día
y no pude evitar creer
en la libertad.

Hace días que no soy capaz de mirarme al espejo
porque sé que no voy a reconocerme,
no recuerdo qué era antes de ti
y no tengo intención de averiguar
como es la vida si no estás aquí.

Hoy me he dado cuenta
de que tengo todas las piedras
con las que nos encontramos
guardadas en nuestro baúl,
para no olvidar todas las veces
que nos hicimos más grandes
y a su vez
tan pequeños.

Tengo miedo de no encajar en otros brazos.
De perderme
y no acabar encontrándote.
Tengo miedo de ser
y darme cuenta de que lo soy sin ti.
Y qué cojones,
me da miedo olvidarnos.
Despertarme cada mañana
sabiendo
que ya no queda un día menos
sino que es un día más.
Una suma de ausencias
que restan todos esos días
a los que llamamos nuestros.

Acabar cambiando de hogar
después de todo...
Debería estar prohibido llamar a alguien hogar
y después
hipotecar tu vida
en otro sitio.
Cambiar los cuadros
y los sofás.
Cerrar puertas
para abrir heridas,
y desaparecer.

Sabes que yo nunca fui de huir,
que preferí cascarme
a romperme viendo cómo te ibas primero
y yo seguía aquí.

Y te fuiste,
o me echaste;
o me fui y no quisiste pararme.
Que más da.
Esta vez no serán dos minutos,
ni tres más;
porque la cinta se ha acabado,
los días están pasando
y seremos esos gilipollas
incapaces de haber dicho
al menos
"hasta luego"
con la esperanza
de habernos querido un poco más.
Si al final somos
esos gilipollas
que dijeron adiós,
sabiendo
que ni tú querías irte
ni yo quería que te movieras de aquí.


sábado, 2 de septiembre de 2017

Nunca supe decir adiós.

Si tuviera que contar toda nuestra historia,
he de admitir
que no sabría por donde empezar.
Se me ha olvidado cuándo dijiste aquel
te quiero
por primera vez
y esa primera despedida en la estación.

Sé que se me ha olvidado
porque
me he cansado
de sentirme perdida
en un camino
en el que pensé
que al final
me encontrarías tú,
y ni por esas
te has quedado aquí.

Y me he callado tanto tiempo
por no perder
lo poco que me quedaba de ti,
que al final
has optado
por borrar del mapa
todos
y cada uno
de los días
que pasaste a mi lado,
y no lo entiendo.

No te entiendo,
y tampoco te recordaba así.

Me he pasado noches llorando a escondidas
mientras disfrutabas
de tu libertad,

lejos de mí.

Y qué pena,
mi amor,
que al final
ser feliz
significara lo mismo
que
ser
por separado.

Qué pena
que ya nadie más
nos llore
por vernos así.
Ni siquiera aquel banco,
mi cama,
tu camiseta
o aquella habitación.

Al final nos hemos convertido en recuerdos
de esos que duelen
pero que no matan.
Al final ha ganado el tiempo,
ha llegado antes
y ha dado la vuelta
a todo en lo que creíamos.

Y ahora
que ni siquiera sé
si sigues aquí
para leer esto,
tengo que decirte
que siempre quise
aunque no me creyeras
y yo escondiera demasiado.
Que nunca tuve razones para irme
pero que
por lo que se ve
tú las has encontrado.
Que no me marcho porque quiera
sino porque
quedarse en un lugar
sola,
que te recuerda tantas cosas
es hacerse daño a uno mismo.

No busco rencores,
ni siquiera busco explicaciones.
Solo pedí tiempo,
días contigo,
noches eternas
y miradas cómplices,
y sé que me llevo mucho más de todo esto.
Me llevo vida,
mi amor,
sabes que me diste mucho de eso.
Me llevo risas,
y besos.
Muchos besos.

Y ahora que tengo la maleta
cargada de todos esos días
contigo,
sé que me toca marcharme
y soltar por el camino
todos esos planes de más
que ya no van a cumplirse.
Y desearte lo mejor,
mi amor,
ojalá alguien te mire
como me mirabas a mí cada mañana,
y te abrace con tantas ganas
que sientas que el mundo se pare
un instante.

Ojalá nunca te abracen por última vez,
como yo.

Y ojalá seas feliz
con todos los pros
y los contras
que vengan.
Más de dos minutos más.
Una vida entera,
que al final
ni tú
ni yo
pudimos regalarnos.

lunes, 28 de agosto de 2017

Llegas tarde

Tengo que ser sincera.
Sé que vienes dispuesto
a curar todos mis errores.

A echar alcohol a todos esos días
que quise romperme un poco más
con tal de que alguien
siguiera un ratito más
aquí.

Tengo que serte sincera,
llegas tarde.

Llegas tan tarde que
en realidad
hay días que ni te esperé.

Dime que dejó de ser cierto
que nunca importó
nadie más.
Llegas tarde,
mi vida;
tan tarde
que dejó de salir el Sol
y ahora tenemos que acostumbrarnos
a dormir y levantarnos
con la misma oscuridad.

Porque ya me he perdido,
y estoy en aquel laberinto
buscando recuerdos
que sigan doliendo.

Esta es mi guerra
y no quiero que nadie más
muera por mi
sin antes
hacerlo yo.

Así que
hoy tengo el corazón en un puño
listo
para salir ahí fuera
y comerse el mundo
gritando que claro que puedo
solo que nunca quise
dejar de pensar en los demás
para pensar en mí.

Hoy se han acabado las comas,
hoy empiezan los puntos,
lejos
de comenzar algo en la misma línea.
Se nos ha acabado el tiempo
para estar tumbados en el suelo
y no esperar.

Porque llegas tarde mi amor,
y ahora importo yo
y
nadie
más.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Pérdidas en Mayo.

Sé que siempre pareció fácil, supongo que nos entendimos y a la vez, eramos demasiado complicadas. Sé que siempre fue más fácil aparentar que nunca dolía nada, que nada podía con nosotras y que así nadie entraría aquí y lo pondría todo patas arriba. Más aún.
También sé que tengo que dejar de engañarte, y de engañarme. Porque tengo una herida aquí tan profunda que no sé si algún día va a curarse. No tengo ni idea de si esto significa que verdaderamente llegaste a marcarme de por vida, y ahora solo me queda la mitad de todo en lo que me convertí gracias a ti, porque te llevaste los restos de lo que era antes de todo esto, y te cobraste el cambio muy caro.

Tengo que ser sincera porque realmente nunca quise que te fueras, ni porqué dije todo aquello de que nada valía la pena cuando la vida solo valía cuando estabas cerca. Y joder, duele tanto ver que te fuiste porque te eché y no porque quisieras... Que al final llevabas razón y la cabeza ganó al corazón, aunque solo fuera un rato. Aunque fuera en ese momento.
Que, cuando cerraste aquella puerta y cogiste todas las maletas, aquel vacío no solo se notó en casa. Que todo en lo que creíamos se rompió y cayó al suelo como si se nos hubieran derramado las ganas de repente, y no nos quedara nada. Aquel vacío me hizo darme cuenta de que los cristales cortan, pero los recuerdos llegan a hacerlo más. Y qué bien lo hiciste para quedarte aun habiéndote ido. Y qué mal lo hice yo, para saber que nada mas salir, desaparecí entre toda esa gente que había a tu alrededor. 
No tuve la oportunidad de permanecer aun sin estar porque tú si que pasabas página, y yo... yo solo quería releer el capítulo una vez más. 

Sé que no queda tiempo, que seguramente dolerás todo lo que quede, y que estaré sentada esperando a que termine mi sentencia. Que me lo merezco, y que nunca llegué a merecerte del todo. Que no quedan más días de verano, y que el invierno esta vez va a durar mucho tiempo. Que las noches las pasaré en vela, y que las calles de la ciudad echarán de menos nuestros besos. Nuestros paseos y tu risa. Que las canciones ya no se escucharán igual, y sobre todo, que nadie más me hará reír así. 

Ahora me he dado cuenta de que nunca importó nada más que nosotras, y que aun así tuviste que aguantar que le diera prioridad a algo que no era de las dos. Que solo era mío. Que hoy es tuyo. Que al final no será de nadie. 

Hoy se paran los días. Hoy sé que hace tiempo que se nos agotó. Hoy ya no importa nada, porque importó, y no supe cuidarlo. 
No supe cuidarte. 
Y qué lastima que siempre acabe llegando tarde.
Que lastima,
vida,
porque ya no pueda llamarte mía.

viernes, 11 de agosto de 2017

Y sé.

Antes que todo
sé que tengo que pedir perdón.

Sé que tengo un nudo aquí
desde hace tiempo
que al final
ha terminado por asfixiarme.

Sé que me he equivocado
innumerables
veces,
y que he optado por coger el camino fácil
cuando no era el adecuado,
ni tampoco el que quería.

Sé que no debería ser así
y que a día de hoy
no tengo a derecho a quejarme por lo que hice
porque lo hice.

Antes que todo
sé que no puedo volver atrás,
que no puedo exigir un tiempo
que realmente nunca he dado.
Y que ya no está.

Sé que debí pedirte que te quedaras,
y que nunca tuve cojones
de gritar más alto
por si te ahuyentaba.

Así que no lo hice.

Ni siquiera tuve valor de mirarte
a esos ojos marrones
y darte las gracias por todo.
Las gracias.
Joder.
Que yo nunca he sido de palabras
y aun así
sentía que todas se me amontonaban
y salían de golpe.

Pero nunca dije nada.

Nunca lo dije porque pensé,
estúpida de mí,
que no haría falta
pedirle a alguien que se quedara
si prometía no irse,
¿no crees?

Sé que nunca destaqué por ir demasiado rápido
pero que a su vez
las cosas salían con demasiada fluidez.
También sé que para ti era nuevo
pero que tampoco tuviste valor
para apostarlo todo al as,
al negro.

Así que supongo
que ahora mismo solo tenemos
un montón de recuerdos
desordenados
que no dicen nada
y que
a su vez
cuentan nuestra historia.
Nada, ya ves.

¿Alguna vez fuimos algo?

Por qué
si tanto lo quisimos
nunca nos decantamos
por avanzar de la mano
y decidimos
cruzarnos de brazos.

Por qué
si tanto nos quisimos,
aunque no lo dijéramos,
nos perdimos en el poder
de la suposición.

Por qué,
joder,
por qué
tuvimos que dar por hecho
que no hacía falta nada más
cuando ni siquiera estábamos
nosotros.

Supongo que lo sé,
y que siempre lo había sabido.
Que no se trataba del tiempo
sino de las sonrisas,
y la tuya gritaba tantas cosas...
Y tu mirada...
joder,
tu mirada
pedía mis manos
por tu espalda
cada noche,

pero no lo decías.

Que ya lo sé.
Yo también tuve miedo,
pero supongo
que ahora
que no estás,
ni estoy,
ésta oscuridad da mas miedo
que cualquier
salto
al
precipicio.

lunes, 7 de agosto de 2017

Nada

Supongo que pensé que esta vez iba a ser diferente
y que,
después de repetir tantas veces que saldría bien
iba a ser así.

Y ahora mírate,
míranos,
nos hemos convertido
en esa
nada
que ahoga tanto,
en medio de un mar
lleno de preguntas
que solo justifica
que quisimos,
pero no lo suficiente.

Quise creer que sí
y al final
di el paso
antes de hacer la pregunta
y me tropecé con tus respuestas
y mis excusas.
Con todos esos
"puede ser"
que nunca fueron.

Me tropecé conmigo
en un desesperando intento
de averiguar
si estabas ahí
para agarrarme de la mano.

Fallaste.

Así que supongo
que ahora,
después de no haber sido
somos nada,
tan nada,
tanto
nada,
que hasta reconforta.
Ahora,
que nada quema
porque nada hay
ya que nada somos,
respiro.

Respiro como si nunca hubiera necesitado
tu aire
para seguir.
Respiro como si nunca
me hubiera costado levantarme
después de una noche regular
en un día cualquiera.

Así que,
al final,
entre tantas preguntas
me dejaste una sin responder,

¿en qué momento nada empezó a ser lo suficiente como para quedarse,
si quedarse
implicaba
no ser nada
para ser siempre?

miércoles, 19 de julio de 2017

Sé que llego tarde

Sé que llego tarde,
que a ti nunca te valieron las palabras
y que presumiste de hechos
que,
siento decirte,
quizás ya he olvidado.

Pero he vuelto.

He vuelto porque hay algo aquí
que todavía sigue gritando tu nombre
pidiendo a gritos que le salven,
y sé que solo puedes hacerlo tú.

Sé que nunca fuiste de cometer errores,
o más bien,
de aceptar que los cometías;
que pedir perdón siempre estaba de más
y que mañana si te he visto,
igual ni me acuerdo,
o sí.

¿No era así?
¿No se trataba de aparentar que la herida nunca sangraba y que todo lo demás era lo que se caía a pedazos menos nosotras?

Explícame entonces
cómo
cojones
hemos acabado en el suelo.

Dime cuándo y por qué nos perdimos entre tanta gente
si en un principio
solo estábamos
tú y yo.

Ya lo sé,
llego tarde,
y tengo que aprender a dejar de hacer preguntas estúpidas
que nunca conseguiré descifrar;
llevabas razón,
a veces es mejor no saber
no preguntar
y no llegar a ciertos lazos,
que al final con cualquier roto te cortas.

Que ya lo sé,
que no sirve de nada que esté aquí,
pero quería hacerte un último favor
aunque suene a despedida,
sé que te sentirás culpable
en parte
de todo esto,
de haber llegado hasta aquí,
y de haber perdido.

Porque vamos a ser sinceras,
ambas hemos perdido,
y,
mi amor,
sé que aunque llegue tarde
ahora dormirás tranquila
pensando
que siempre quise volver.
Que no fue culpa tuya
y que una vez más
me toca a mí llevar el peso
de todas tus dudas
y mis miedos.

Pero te quiero,
y aunque nunca lo creyeras,
yo sí
quería
quedarme.



miércoles, 12 de julio de 2017

A la inversa.

Esta mañana ha vuelto a llover
aquí,
después de tantos meses de sequía.
Había olvidado lo que era sentirse así
de perdida,
así de sola.

Estoy aprendiendo,
otra vez,
lo que conlleva empezar de cero
y dejar todo atrás,
porque me he dado cuenta
de que
desde hace tiempo
ya no somos una,
sino dos.

Y duele tanto ver que algo en lo que creías
esté hoy tan roto.
Tan perdido.

Tanto,
que sé que hoy me toca a mí
volver a atrás
y echar de menos tu sonrisa.
Hoy me he acordado de nosotras
mientras te tenía
al otro lado
de la cama.

Nos he echado de menos.

Y duele tanto ver que algo que querías
se ha ido
aun estando a tu lado.

Y qué pena,
que después de tanto
siempre quede tan poco
de pie
y tantas cenizas en el suelo.

Hoy dueles cariño,
y te lo digo con el corazón en la mano
sabiendo
que tú sigues tu camino
y ya nada te para,
ni siquiera yo.
Te lo digo a sabiendas
de que nunca me gustó
abrir las puertas
de par en par
y que esta vez
se ha roto la cerradura
y entras y sales a tu antojo.
Lo sé.

Siempre lo supe.

A fin de cuentas
he ganado yo,
te dije que te irías;
y qué putada
que al final
ganar

sea perderte.

lunes, 10 de julio de 2017

Vérsame.

Hace tiempo que no sé qué decir.
Me he ahogado en silencios
y he visto
que, desde hace tiempo,
las cosas duelen distinto.

¿Sabes? el tiempo ya no pesa igual
y desde hace días
los suspiros no vacían tanto.

Sé que si hubiera dependido de mi
te habría repetido cada día
que sí que podía ser;
que nunca estuvimos de más.
También sé que el mundo se volvió
del revés
y a ti ya no te despiertan las mismas pesadillas
y a mi
no me callan los mismos besos.

Que llevabas razón,
y solo era cuestión de tiempo
que el tiempo hiciera de las suyas
y quemara todo esto
que tanto hemos luchado por avivar
y no ahogar en recuerdos,
gritos
y lágrimas.

Ahora puedo decirte
que sí,
todas mis emociones se escondieron
detrás de un silencio
que llevaba tu nombre,
y lo sabías.
Siempre lo supiste.

Siempre supiste mis errores
antes de ser capaz de cometerlos
y, aun así,
tuviste cojones de llamarme suerte.
Y ahora,
supongo,
que a mi han dejado de valerme las palabras
y he acabado por poner en la balanza
todo lo que necesité de ti
y que nunca me diste.

No hemos perdido las promesas
porque realmente nunca nos creímos.
Nunca fuimos aquel siempre
porque siempre supimos
que nunca sería.

Y ahora,
tú,
que ya has dejado de ser
amor
y el mío,
me toca decirte adiós.
Me toca irme
sabiendo
aunque te duela,
que siempre será lo mejor
que pude hacer
por las dos.

Así que vérsame
como si nunca me hubiera ido,
porque te aseguro
que desde que empezaste a leer esto
aunque no lo hayas escuchado,
he cerrado la puerta
de un portazo,
y sé que esta vez
no habrá opción de volver a abrirme
a abrirte
de nuevo.

martes, 27 de junio de 2017

Nice to meet u

Sé que siempre vengo con más problemas que soluciones. 

Que me gusta más destacar lo malo que lo bueno. Que a veces nunca llego, y otras aparezco demasiado pronto. Pero tengo que contarte que nunca quise hacerlo destrozando todo esto. Que, al igual que a ti, todo esto me vino de casualidad y me gustó tanto que le puse tu nombre a este sentimiento. Sé que tú le has puesto el mío a todo tu dolor. Te diría que no me importa, pero tampoco creo que mentir ahora sea la solución, siempre destaqué mi fuerza cuando supiste desde el minuto uno que estaba quebrada por recuerdos.

También sé que nunca te busqué y que tú lo hiciste demasiadas veces. 

Que al final ganaron los contras después de reunir a tantos pros. Y me he cargado todo esto que has intentado salvar desde el primer día y que por cojones tenía que ser mío. No sé si lo entiendes. Nunca me expliqué demasiado bien y sin embargo siempre nos entendimos, a nuestra manera. Irónico, ¿no? Y llegó el día en el que te equivocaste al decirme que me querías, lo sabes. Sabías que podía hacerte daño y me diste el privilegio de saberlo. 

Te equivocaste al abrir el corazón de par en par a alguien que solo sabe romper todo lo que toca. Eso tampoco te lo dije. Tengo que admitir que lo sabía, pero que tampoco pretendía admitirlo. 

Y a mí nunca se me ha dado demasiado bien llegar y pedir perdón por todo. La mitad de las veces no me entero de nada, y las otras me hago la tonta por no hacerme más daño. Tengo que confesarte que conseguiste hacérmelo más veces de las que crees. Igual que yo a ti. 

Qué bien se nos daba aparentar que nada importaba cuando nos importaba todo.

Y ahora estoy a las puertas de todo lo que un día llamamos hogar, sin tener cojones de cogerte de la mano para prometerte esas mentiras que tanto gusta escuchar. Y, en realidad, tampoco quiero. Solo sé que la he cagado demasiadas veces porque te has cansado de estar aquí, pero ni siquiera sé en qué.

Sé lo que he roto porque me he cortado con todos los trozos, pero no sé cuándo, ni cómo. Solo a quién.

Y es curioso que después de tantos gritos solo nos quede el silencio de la despedida. El que nunca dice nada y a la vez lo expresa todo. Ya sabes a lo que me refiero. Nos despedimos demasiadas veces sabiendo que siempre volveríamos, y ahora…Ahora solo he vuelto yo a sabiendas incluso de que ni siquiera estoy del todo aquí. 

He vuelto a ganar en orgullo, pero esta vez he perdido parte del corazón. Y aun así no me salen las putas palabras para pedirte perdón por todo esto, porque no lo siento. Siempre supe que era una bomba a punto de explotar, y supongo que al final te ha tocado a ti. No puedo disculparme por ser lo que soy y creer en lo que creo. Ni siquiera por quererte o por conseguir que lo hicieras tú. 

Esta noche solo sé que te has sumado al baúl de los recuerdos y que, cariño, esta vez ninguna de las dos saldrá de ahí.

miércoles, 21 de junio de 2017

As.

Quizás llevabas razón
y aquella fue nuestra última vez. 

Nunca pensé que querer a alguien
iba a significar
perder.

Ahora no puedo pedirte perdón
por fallar
porque ni siquiera sé
que salió mal esta vez.
No quiero pensar que fue culpa tuya
porque implicaría que cometí 
el
error
de
quererte,
y bien fuerte. 

Tampoco puedo echarme piedras
cuando
a partir de ahora
tengo que empezar a recoger
todos los pedazos que se han caído
por ahí,
por aquí
y por donde quiera
que estés;
y no puedo permitirme
seguir esparciéndolos
así como así.

Esta mañana me he acordado del olor de tu pelo
y he tenido la sensación 
de que volvía a casa,
por fin.

Ahora sí,
te voy a pedir perdón de antemano
porque sé que ahora voy a hacerte daño,
mi amor,
que ya hasta pensarlo me duele,
el saber que esas palabras nunca más
volverán a ir dirigidas 
a ti.
Hoy me toca a mi abrir la herida
y meter el dedo en la llaga
para sentir
que no fui la única 
a la que le costó
decir adiós
aquel día.

Hoy el alcohol no va a servirte
de ayuda
porque sé 
que esta herida
solo la llevo yo conmigo.
Pero quiero que sepas,
mi
amor,
que aun así
va a dolerte a ti;
por todo el dolor que me obligaste
a tragar
tantísimos meses atrás;
por todas las ausencias
que llevaban otro nombre.

Por todo,
y todas las demás.

Y ahí,
justo ahí,
cuando te des cuenta
de que querer
no es mas que un juego de azar,
verás que jamás
aposté contra ti
y que además
jugué por ti todas mis cartas.

martes, 23 de mayo de 2017

Supe que ibas a ser tú

Siempre supe que ibas a ser tú.
Lo supe por la forma en la que
rompiste mis medias aquella noche.

Sentí la magia,
¿tú no?

Supe que ibas a ser tú porque no llamaste a mi puerta
antes de entrar;
porque jamás pediste permiso
para venir aquí
y llamarnos hogar.

Sabía que eras tú
porque no me hizo falta
pedirte que aquella noche
me quisieras.
Lo hiciste bien.

Me di cuenta de todo aquello
la primera vez que me besaste,
justo
en
el
peor
momento.

Lo supe porque nuestras manos
encajaron mejor que
cualquier puzle.

Porque escuché
la música alrededor
de aquella habitación
en
silencio.

Supe que ibas a ser tú por tu mirada,
mi amor,
¿quién sino me habría dejado sin respiración al mirarme así?



miércoles, 19 de abril de 2017

Si pudiera.

Si tuviera a mi yo de hace tres años delante de mí le pediría que fuera con calma. No por querer primero vas a querer mejor. Le diría que tuviera paciencia y que, con el tiempo, aprendería a no dar tan a la ligera el corazón. Le explicaría que no tiene culpa, que el amor viene y va y tiene por costumbre llevarse a personas por el camino. Le explicaría que si algo no puede ser no es porque el mundo te quiera en su contra, sino porque hay personas que nunca encajarán por mucho que se quieran. Le diría que dejara de odiarse y de echarse las culpas de cosas que quizás, y sé seguro, son de dos. Que no vomite palabras en momentos de rabia cuando podría arrepentirse después. Que siguiera cometiendo errores, pese a todo. Las personas son más humanas cuando cometen errores, no cuando aciertan. Después hablaría sobre esa espinita que tiene clavada y esa manía de echarnos sal a una herida que, en el fondo, no queríamos que cicatrizara.

Le contaría que hay cosas que creo que nunca van a cambiar. Las inseguridades seguirán. Y los miedos, sobre todo los miedos; pero que, hemos aprendido a querernos. A querernos bien, y a perdonar. Que a quien siempre quisimos en nuestra vida sigue ahí, y que aparecerá gente nueva con ganas de hacernos feliz. Aunque a veces nos cueste creerlo. Y, para terminar, la abrazaría, la abrazaría tanto que esperaría en un desesperado intento, recomponer todos los rotos que sé que tendrá que arreglar sola.

Y que, tal y como estáis viendo, arregló.