ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

lunes, 2 de abril de 2018

Ahora soy mejor persona.


Si pudiera me pasaría el resto de mi vida agradeciéndote haber aparecido, aunque repitas mil veces que fue de casualidad.
Si te tuviera delante te pediría que al mirarme no pestañearas, que me gusta cuando puedo verme reflejada justo ahí. Que me veo mejor persona. Gracias a ti.

He descubierto una parte de mí que había dejado apartada y que echaba de menos. El puzle vuelve a estar completo, y es gracias a ti. A tu insistencia en querer mejor, y a la mía de dejarme hacer. A las tardes de relax, las noches creando amaneceres descubriendo un poquito de mí y de ti, y, además, a tu risa. A esa que tanto odias y que te sale de casualidad cuando algo te sorprende de repente. A tu mal genio a la hora de aceptar que hay veces que nadie tiene razón, por mucho que suene irónico.
No lo entiendes, pero sé que soy mejor persona cuando te veo sonreír a escondidas antes de irnos a dormir. Cuando te enfadas y aun así no eres capaz de mirarme a los ojos por miedo a perder la compostura, y la razón.

Me has convertido en mejor persona porque alguien como tú solo podía traer pros a todos los contras que tenía a mi alrededor. Y, mi amor, cómo agradecerte cada parte de este puzle que hemos creado sin saber cómo, y que tengo miedo a que se rompa. Como devolverte todo lo que me has regalado sin querer, y sin darte cuenta. Cómo voy a hacerlo sin decirte la palabra que tanto odias y que necesito que escuches cada día. Que te quiero como la gente ya no quiere. Que los nudos han dejado de ahogar y que ahora gracias a ti respiro.
Esta noche no quiero mentirte, mi amor, porque es hora de que diga en voz alta que llevo meses enganchada a esa sonrisa, y a tu manía de no querer enseñarla. No quiero peros que me quiten la posibilidad de decirte que te quiero, así, sin más. Y quiero que entiendas que me muero de ganas de que te dejes llevar y darme la mano para caminar contigo, sin miedos, sin pasado, sin más. Y cuando no puedas más me gustaría mirarte para decirte que desde que te vi supe que tenía que ser así, sin mediar palabra. Pocas palabras bastan, lo sabes, desde el principio.
Ahora quiero mirarte,
y después;
tal vez mañana
bajar la mirada sabiendo que,
de casualidad,
seguirás mirándome de reojo
casi
sin querer.

lunes, 26 de febrero de 2018

Muy y mía.

Supongo que tú tampoco te lo imaginabas.
Que hoy estaríamos aquí sentadas
en el mismo banco,
así.
Supongo que tú también te alegras de verme,
que tampoco sabías qué era echar de menos a alguien
hasta que me viste irme,
aunque no fuera a casa;
porque nunca fue contigo
siempre fue de ti.

Sé que tú también sonríes cuando escuchas mi nombre
y que yo seguiré haciéndome la tonta
cuando te vea llegar.
Que me seguiré poniendo nerviosa antes de volver a verte
y que el nudo en el estómago al verte ir
cada vez se hará más grande.
Más fuerte.
Que solo puedo culparte de haberme hecho feliz.
De ser todas esas primeras veces que nunca esperé con nadie
pero que contigo sí,
contigo siempre.

Y es que joder,
es tan bonito verte reír...
y llamarte vida,
porque te has convertido en parte de eso;
con todos y cada uno de los baches que nos encontramos al principio
y tu manía de quitar piedra a piedra
cuando yo solo quería saltarlas todas.

Y aún así
viste todo este desastre
y tuviste el valor de quedarte,
para no llamarnos suerte
y creer en el destino,
como si tú y yo
no fuéramos más que eso.
Más que esa luz al final del túnel
y todos los ases que quieras,
negros;
con el cactus
y muchas rosas.

Nos hemos convertido en todas las llamadas
a las tantas de la madrugada,
y en todos esos besos.
En las miradas de más
y en las fotos de menos.
Nos hemos convertido en momentos,
porque por fin
somos,
y mi vida
ojalá sigas aquí
dentro de cinco minutos más
muchos ratitos,
tan tuya
y tan mía
haciéndonos nuestras.

viernes, 9 de febrero de 2018

Solo nos bastó.

Supongo que algo tenía que significar
que nos costara tanto
quedarnos,
y que el primer acto reflejo
siempre fuera marcharse.
Huir del dolor.

Si te soy sincera
en el fondo siempre supe
que seríamos cuestión de tiempo;
que nunca fue por falta de ganas,
pero que
no íbamos a ser la excepción
al resto.

Qué gilipollas fue creer que lo nuestro sí iba a salir bien.

Te diría que me lo merezco,
que nos merecemos haber caido
por como hicimos las cosas;
pero es que no lo creo.
Nos quisimos tan fuerte
tan poco tiempo
que pareció una eternidad.

Mi vida,
tuvimos la eternidad que tanto ansiábamos,
en nuestro propio espacio temporal,
a millones de años luz
de la realidad.
Y nos bastó.

Y nos conocimos tanto
con solo mirarnos a los ojos,
que me hiciste creer
por primera vez
que valdría la pena quererte
a sabiendas
de que quizás
podríamos salir mal.
Y te quise con todas las ganas,
tantas noches,
en cada una de mis letras;
que nunca tuve la sensación
de que algún día podrías irte.

Qué gilipollas fue creer que no te cansarías.

Apostamos al as,
al negro,
esperando
que nada nos saliera mal,
sin contar
con que eramos dos polos
exactamente iguales
que iban a la misma velocidad
hacia la misma meta.
Y chocamos
con toda la fuerza con la que nos habíamos querido,
y acabamos rotas
por algo
que pensamos que solo nos podría
hacer felices.

Pero nos bastó.
Nos bastó ese segundo juntas
para que mereciera la pena
pasarnos toda la vida
echándonos de menos;
porque,
mi vida,
no podría haber elegido
otros labios
para el crimen.

sábado, 13 de enero de 2018

Abre el baúl.

Tengo la sensación de que tengo muchas cosas que decir y no sé cómo empezar.
Creo que me he perdido porque no recuerdo cómo era. Y sé que me echo de menos. Sé que me he ido a alguna parte y no me encuentro. Que me llamo y no respondo.

Quise levantarme con tanta fuerza que me dejé trozos abajo y ahora estoy incompleta.

Sé que no estoy porque me miro al espejo y no me reconozco. Hace tiempo que sé que no estoy aquí y no he querido verlo. Quise hacerme de piedra y acabé enterrando la parte mas pura de mí. La más real. Y ahora no sé qué soy.
No sé qué queda aparte de un mar de dudas de lo que me toca hacer ahora. Porque no quiero esperarme.
Quiero volver con toda la fuerza del torbellino que era y la experiencia de todo lo que he sido hasta ahora. Quiero remediar errores que no cometí pero que achaqué míos. Quiero volver. A doler, a reírme de la herida. A machacarme por no querer lo suficiente y acabar haciéndolo. Quiero perderme y aprender a pedir ayuda. Quiero escribir y seguir desahogándome entre un millón de papeles y que nadie entienda nada. Quiero encerrarme y lamerme las heridas. Y quiero querer, tan fuerte, con tantas ganas y tanta intensidad que hasta me duela.

Echo de menos el dolor de sentir que estoy viva.

Y tengo la sensación de que me estoy llamando, que me escucho a lo lejos. Que estoy llegando. Que queda poco, porque es hora de volver a entregarme a la única persona que ha sabido quererme y matarme a partes iguales. Yo.

Y estoy deseando abrazarme. Porque me echo de menos. Y sentirlo. Sentirlo sin tener que pedir perdón de antemano. Sentirlo como si fuera la última vez. Y despedirme.
Porque estoy volviendo pero sé que parte de lo que soy ahora va a marcharse. No hay sitio para dos y yo me quiero de vuelta.
Me ansío.
Porque me quiero,
y no pienso volver a irme.

jueves, 4 de enero de 2018

Media vuelta.

Tampoco sé si me quedan fuerzas.
Llevo demasiado tiempo yendo contra corriente
en algo que pensé
que me haría dejarme llevar.

Y ya no tengo ganas,
ni de tirar de ti
ni de mí,
ni de esto.

Me he cansado de sentirme el estorbo
de ser dos
y nunca complementarse
para acabar siendo uno.

Y ya no quiero,
quedarme para seguir viendo
como se consume
lo poco que construímos
a base de esperanzas
y que nos encargamos de romper día día.
No quiero quedarme para ver como perdemos
porque no lo soportaría.

Puedes llamarme cobarde,
me lo merezco;
irse antes de haberlo intetando
tiene el mismo mérito que no conseguirlo,
o sea
ninguno.
Pero ten en cuenta también
que siempre estuve
y aun así
nunca terminaste de verme.

Igual nos equivocábamos
y nos estábamos empeñando en ser
algo
que no podía ser.
Que no cuadraba.
Que solo iba a doler.

Igual solo fuimos la ilusión óptica
de dos personas
que se quisieron
incondicionalmente,
pero solo un ratito.
Y sabes de sobra que yo nunca fui de quedarme a medias,
que era ahora o nunca
y acabó por no ser
para siempre.