ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

viernes, 9 de febrero de 2018

Solo nos bastó.

Supongo que algo tenía que significar
que nos costara tanto
quedarnos,
y que el primer acto reflejo
siempre fuera marcharse.
Huir del dolor.

Si te soy sincera
en el fondo siempre supe
que seríamos cuestión de tiempo;
que nunca fue por falta de ganas,
pero que
no íbamos a ser la excepción
al resto.

Qué gilipollas fue creer que lo nuestro sí iba a salir bien.

Te diría que me lo merezco,
que nos merecemos haber caido
por como hicimos las cosas;
pero es que no lo creo.
Nos quisimos tan fuerte
tan poco tiempo
que pareció una eternidad.

Mi vida,
tuvimos la eternidad que tanto ansiábamos,
en nuestro propio espacio temporal,
a millones de años luz
de la realidad.
Y nos bastó.

Y nos conocimos tanto
con solo mirarnos a los ojos,
que me hiciste creer
por primera vez
que valdría la pena quererte
a sabiendas
de que quizás
podríamos salir mal.
Y te quise con todas las ganas,
tantas noches,
en cada una de mis letras;
que nunca tuve la sensación
de que algún día podrías irte.

Qué gilipollas fue creer que no te cansarías.

Apostamos al as,
al negro,
esperando
que nada nos saliera mal,
sin contar
con que eramos dos polos
exactamente iguales
que iban a la misma velocidad
hacia la misma meta.
Y chocamos
con toda la fuerza con la que nos habíamos querido,
y acabamos rotas
por algo
que pensamos que solo nos podría
hacer felices.

Pero nos bastó.
Nos bastó ese segundo juntas
para que mereciera la pena
pasarnos toda la vida
echándonos de menos;
porque,
mi vida,
no podría haber elegido
otros labios
para el crimen.







sábado, 13 de enero de 2018

Abre el baúl.

Tengo la sensación de que tengo muchas cosas que decir y no sé cómo empezar.
Creo que me he perdido porque no recuerdo cómo era. Y sé que me echo de menos. Sé que me he ido a alguna parte y no me encuentro. Que me llamo y no respondo.

Quise levantarme con tanta fuerza que me dejé trozos abajo y ahora estoy incompleta.

Sé que no estoy porque me miro al espejo y no me reconozco. Hace tiempo que sé que no estoy aquí y no he querido verlo. Quise hacerme de piedra y acabé enterrando la parte mas pura de mí. La más real. Y ahora no sé qué soy.
No sé qué queda aparte de un mar de dudas de lo que me toca hacer ahora. Porque no quiero esperarme.
Quiero volver con toda la fuerza del torbellino que era y la experiencia de todo lo que he sido hasta ahora. Quiero remediar errores que no cometí pero que achaqué míos. Quiero volver. A doler, a reírme de la herida. A machacarme por no querer lo suficiente y acabar haciéndolo. Quiero perderme y aprender a pedir ayuda. Quiero escribir y seguir desahogándome entre un millón de papeles y que nadie entienda nada. Quiero encerrarme y lamerme las heridas. Y quiero querer, tan fuerte, con tantas ganas y tanta intensidad que hasta me duela.

Echo de menos el dolor de sentir que estoy viva.

Y tengo la sensación de que me estoy llamando, que me escucho a lo lejos. Que estoy llegando. Que queda poco, porque es hora de volver a entregarme a la única persona que ha sabido quererme y matarme a partes iguales. Yo.

Y estoy deseando abrazarme. Porque me echo de menos. Y sentirlo. Sentirlo sin tener que pedir perdón de antemano. Sentirlo como si fuera la última vez. Y despedirme.
Porque estoy volviendo pero sé que parte de lo que soy ahora va a marcharse. No hay sitio para dos y yo me quiero de vuelta.
Me ansío.
Porque me quiero,
y no pienso volver a irme.

jueves, 4 de enero de 2018

Media vuelta.

Tampoco sé si me quedan fuerzas.
Llevo demasiado tiempo yendo contra corriente
en algo que pensé
que me haría dejarme llevar.

Y ya no tengo ganas,
ni de tirar de ti
ni de mí,
ni de esto.

Me he cansado de sentirme el estorbo
de ser dos
y nunca complementarse
para acabar siendo uno.

Y ya no quiero,
quedarme para seguir viendo
como se consume
lo poco que construímos
a base de esperanzas
y que nos encargamos de romper día día.
No quiero quedarme para ver como perdemos
porque no lo soportaría.

Puedes llamarme cobarde,
me lo merezco;
irse antes de haberlo intetando
tiene el mismo mérito que no conseguirlo,
o sea
ninguno.
Pero ten en cuenta también
que siempre estuve
y aun así
nunca terminaste de verme.

Igual nos equivocábamos
y nos estábamos empeñando en ser
algo
que no podía ser.
Que no cuadraba.
Que solo iba a doler.

Igual solo fuimos la ilusión óptica
de dos personas
que se quisieron
incondicionalmente,
pero solo un ratito.
Y sabes de sobra que yo nunca fui de quedarme a medias,
que era ahora o nunca
y acabó por no ser
para siempre.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Serendipia.

Sé que no vas a creértelo,
que nunca fui de decir demasiadas cosas
y que,
aun así
tampoco parece que demostré las restantes.

También sé que a veces es más fácil irse
a intentarlo un poco más
y que,
aun así
siempre acabas por quedarte un ratito más.
Al fin y al cabo estamos hechas de eso,
de mucho tiempo;
muchos ratos invertidos en algo
que parecía que no tenía principio
y que
ahora,
ojalá no tenga final.

Anoche me fui a dormir pensando
que llevo tanto tiempo
intentando no mirarte a los ojos
para no paralizarme,
que al final me he topado
con esa sonrisa
que ha acabado rompiéndome los esquemas.

Hemos sido un caos
tan lleno de vida
que incluso nos ha asustado.
Hemos sido tantísimo tiempo
y miradas,
que creo que nunca había sentido tan cerca el abismo
antes de verte volver a casa;

somos un deseo
pedido a una estrella fugaz
una noche de verano
casi sin querer.

Y ahora,
que no me salen las palabras
y te he mirado
sé,
que en el fondo
siempre supiste que estaba ahí,
que todo era real.
Sé que siempre te bastó con mirarme
para saber todo lo que quería decirte.

Que nunca tuvimos la necesidad
de perdernos
porque nos encontramos de casualidad,
como si en el fondo
estuviéramos destinadas a ser
parte de algo mucho más grande que nosotras.
Como si
hubiéramos podido
parar todo esto
cuando ha sido
más fuerte
que nosotras.

Sé que no vas a creértelo,
que el miedo a veces
gana pulsos,
pero no guerras.
Que quererse siempre
es apostar
de más
a algo demasiado inestable;
pero incluso en las malas,
aunque me quede tambaleando en todo esto,
seguiré manteniendo
que
quererte
siempre mereció más la pena

que cualquier vida sin haberte conocido.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Nos ha llegado el invierno.

Sé que estas cosas siempre sorprenden
pero que tú ya sabías que esto pasaría.
Se ha acabado el tiempo que teníamos
y he dejado de tener ganas
y actitud
para tirar de un carro
que lleva demasiado peso,
y que ni siquiera es mío.

Nos ha llegado el invierno
y nos ha pillado destapados,
a media noche
y con un montón de sueños que no van a cumplirse.
Tú ya lo sabías
y yo,
ahora 
simplemente
me limito a darte la razón.
Y podrás llamarme cobarde,
que aun así sé que es el momento de irse,
de buscar un camino
que tampoco sé dónde va a llevarme
pero que no es aquí.
No es contigo.

Cuesta abajo y sin frenos,
en pleno invierno
y con un montón de dudas
que nunca nos ayudaron a creer en esto.
Ahora,
tengo que decirte
que una retirada a tiempo a veces es una victoria;
pero que sé que si se trata de ti
pierdo,
es solo que
hace tiempo que tampoco me tengo a mí.
Y te echaré de menos
cada
maldito
día
que me quede,
porque aquel día
que tuvimos valor de empezar todo esto
te lo dije de verdad,


eras tú o nadie más.