Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

jueves, 21 de septiembre de 2017

A la espera en tu portal.

No suelo hacer las cosas así,
sabes que nunca fui de huir.

Hoy me he dado cuenta
de que todos los días
van a dejar de ser
"esos días"
si no estás aquí.

Sabes que a mi nunca se me dio bien
eso de correr
en dirección contraria a ti,
y no sabría explicar por qué hice las cosas así,
ni siquiera por qué aún sigo aquí
a medio camino
de todo lo que fuimos
y a su vez
de olvidarlo.

Hoy me he dado cuenta
de que nunca quise irme
pero que
me abriste la puerta
aquel día
y no pude evitar creer
en la libertad.

Hace días que no soy capaz de mirarme al espejo
porque sé que no voy a reconocerme,
no recuerdo qué era antes de ti
y no tengo intención de averiguar
como es la vida si no estás aquí.

Hoy me he dado cuenta
de que tengo todas las piedras
con las que nos encontramos
guardadas en nuestro baúl,
para no olvidar todas las veces
que nos hicimos más grandes
y a su vez
tan pequeños.

Tengo miedo de no encajar en otros brazos.
De perderme
y no acabar encontrándote.
Tengo miedo de ser
y darme cuenta de que lo soy sin ti.
Y qué cojones,
me da miedo olvidarnos.
Despertarme cada mañana
sabiendo
que ya no queda un día menos
sino que es un día más.
Una suma de ausencias
que restan todos esos días
a los que llamamos nuestros.

Acabar cambiando de hogar
después de todo...
Debería estar prohibido llamar a alguien hogar
y después
hipotecar tu vida
en otro sitio.
Cambiar los cuadros
y los sofás.
Cerrar puertas
para abrir heridas,
y desaparecer.

Sabes que yo nunca fui de huir,
que preferí cascarme
a romperme viendo cómo te ibas primero
y yo seguía aquí.

Y te fuiste,
o me echaste;
o me fui y no quisiste pararme.
Que más da.
Esta vez no serán dos minutos,
ni tres más;
porque la cinta se ha acabado,
los días están pasando
y seremos esos gilipollas
incapaces de haber dicho
al menos
"hasta luego"
con la esperanza
de habernos querido un poco más.
Si al final somos
esos gilipollas
que dijeron adiós,
sabiendo
que ni tú querías irte
ni yo quería que te movieras de aquí.


sábado, 2 de septiembre de 2017

Nunca supe decir adiós.

Si tuviera que contar toda nuestra historia,
he de admitir
que no sabría por donde empezar.
Se me ha olvidado cuándo dijiste aquel
te quiero
por primera vez
y esa primera despedida en la estación.

Sé que se me ha olvidado
porque
me he cansado
de sentirme perdida
en un camino
en el que pensé
que al final
me encontrarías tú,
y ni por esas
te has quedado aquí.

Y me he callado tanto tiempo
por no perder
lo poco que me quedaba de ti,
que al final
has optado
por borrar del mapa
todos
y cada uno
de los días
que pasaste a mi lado,
y no lo entiendo.

No te entiendo,
y tampoco te recordaba así.

Me he pasado noches llorando a escondidas
mientras disfrutabas
de tu libertad,

lejos de mí.

Y qué pena,
mi amor,
que al final
ser feliz
significara lo mismo
que
ser
por separado.

Qué pena
que ya nadie más
nos llore
por vernos así.
Ni siquiera aquel banco,
mi cama,
tu camiseta
o aquella habitación.

Al final nos hemos convertido en recuerdos
de esos que duelen
pero que no matan.
Al final ha ganado el tiempo,
ha llegado antes
y ha dado la vuelta
a todo en lo que creíamos.

Y ahora
que ni siquiera sé
si sigues aquí
para leer esto,
tengo que decirte
que siempre quise
aunque no me creyeras
y yo escondiera demasiado.
Que nunca tuve razones para irme
pero que
por lo que se ve
tú las has encontrado.
Que no me marcho porque quiera
sino porque
quedarse en un lugar
sola,
que te recuerda tantas cosas
es hacerse daño a uno mismo.

No busco rencores,
ni siquiera busco explicaciones.
Solo pedí tiempo,
días contigo,
noches eternas
y miradas cómplices,
y sé que me llevo mucho más de todo esto.
Me llevo vida,
mi amor,
sabes que me diste mucho de eso.
Me llevo risas,
y besos.
Muchos besos.

Y ahora que tengo la maleta
cargada de todos esos días
contigo,
sé que me toca marcharme
y soltar por el camino
todos esos planes de más
que ya no van a cumplirse.
Y desearte lo mejor,
mi amor,
ojalá alguien te mire
como me mirabas a mí cada mañana,
y te abrace con tantas ganas
que sientas que el mundo se pare
un instante.

Ojalá nunca te abracen por última vez,
como yo.

Y ojalá seas feliz
con todos los pros
y los contras
que vengan.
Más de dos minutos más.
Una vida entera,
que al final
ni tú
ni yo
pudimos regalarnos.

lunes, 28 de agosto de 2017

Llegas tarde

Tengo que ser sincera.
Sé que vienes dispuesto
a curar todos mis errores.

A echar alcohol a todos esos días
que quise romperme un poco más
con tal de que alguien
siguiera un ratito más
aquí.

Tengo que serte sincera,
llegas tarde.

Llegas tan tarde que
en realidad
hay días que ni te esperé.

Dime que dejó de ser cierto
que nunca importó
nadie más.
Llegas tarde,
mi vida;
tan tarde
que dejó de salir el Sol
y ahora tenemos que acostumbrarnos
a dormir y levantarnos
con la misma oscuridad.

Porque ya me he perdido,
y estoy en aquel laberinto
buscando recuerdos
que sigan doliendo.

Esta es mi guerra
y no quiero que nadie más
muera por mi
sin antes
hacerlo yo.

Así que
hoy tengo el corazón en un puño
listo
para salir ahí fuera
y comerse el mundo
gritando que claro que puedo
solo que nunca quise
dejar de pensar en los demás
para pensar en mí.

Hoy se han acabado las comas,
hoy empiezan los puntos,
lejos
de comenzar algo en la misma línea.
Se nos ha acabado el tiempo
para estar tumbados en el suelo
y no esperar.

Porque llegas tarde mi amor,
y ahora importo yo
y
nadie
más.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Pérdidas en Mayo.

Sé que siempre pareció fácil, supongo que nos entendimos y a la vez, eramos demasiado complicadas. Sé que siempre fue más fácil aparentar que nunca dolía nada, que nada podía con nosotras y que así nadie entraría aquí y lo pondría todo patas arriba. Más aún.
También sé que tengo que dejar de engañarte, y de engañarme. Porque tengo una herida aquí tan profunda que no sé si algún día va a curarse. No tengo ni idea de si esto significa que verdaderamente llegaste a marcarme de por vida, y ahora solo me queda la mitad de todo en lo que me convertí gracias a ti, porque te llevaste los restos de lo que era antes de todo esto, y te cobraste el cambio muy caro.

Tengo que ser sincera porque realmente nunca quise que te fueras, ni porqué dije todo aquello de que nada valía la pena cuando la vida solo valía cuando estabas cerca. Y joder, duele tanto ver que te fuiste porque te eché y no porque quisieras... Que al final llevabas razón y la cabeza ganó al corazón, aunque solo fuera un rato. Aunque fuera en ese momento.
Que, cuando cerraste aquella puerta y cogiste todas las maletas, aquel vacío no solo se notó en casa. Que todo en lo que creíamos se rompió y cayó al suelo como si se nos hubieran derramado las ganas de repente, y no nos quedara nada. Aquel vacío me hizo darme cuenta de que los cristales cortan, pero los recuerdos llegan a hacerlo más. Y qué bien lo hiciste para quedarte aun habiéndote ido. Y qué mal lo hice yo, para saber que nada mas salir, desaparecí entre toda esa gente que había a tu alrededor. 
No tuve la oportunidad de permanecer aun sin estar porque tú si que pasabas página, y yo... yo solo quería releer el capítulo una vez más. 

Sé que no queda tiempo, que seguramente dolerás todo lo que quede, y que estaré sentada esperando a que termine mi sentencia. Que me lo merezco, y que nunca llegué a merecerte del todo. Que no quedan más días de verano, y que el invierno esta vez va a durar mucho tiempo. Que las noches las pasaré en vela, y que las calles de la ciudad echarán de menos nuestros besos. Nuestros paseos y tu risa. Que las canciones ya no se escucharán igual, y sobre todo, que nadie más me hará reír así. 

Ahora me he dado cuenta de que nunca importó nada más que nosotras, y que aun así tuviste que aguantar que le diera prioridad a algo que no era de las dos. Que solo era mío. Que hoy es tuyo. Que al final no será de nadie. 

Hoy se paran los días. Hoy sé que hace tiempo que se nos agotó. Hoy ya no importa nada, porque importó, y no supe cuidarlo. 
No supe cuidarte. 
Y qué lastima que siempre acabe llegando tarde.
Que lastima,
vida,
porque ya no pueda llamarte mía.

viernes, 11 de agosto de 2017

Y sé.

Antes que todo
sé que tengo que pedir perdón.

Sé que tengo un nudo aquí
desde hace tiempo
que al final
ha terminado por asfixiarme.

Sé que me he equivocado
innumerables
veces,
y que he optado por coger el camino fácil
cuando no era el adecuado,
ni tampoco el que quería.

Sé que no debería ser así
y que a día de hoy
no tengo a derecho a quejarme por lo que hice
porque lo hice.

Antes que todo
sé que no puedo volver atrás,
que no puedo exigir un tiempo
que realmente nunca he dado.
Y que ya no está.

Sé que debí pedirte que te quedaras,
y que nunca tuve cojones
de gritar más alto
por si te ahuyentaba.

Así que no lo hice.

Ni siquiera tuve valor de mirarte
a esos ojos marrones
y darte las gracias por todo.
Las gracias.
Joder.
Que yo nunca he sido de palabras
y aun así
sentía que todas se me amontonaban
y salían de golpe.

Pero nunca dije nada.

Nunca lo dije porque pensé,
estúpida de mí,
que no haría falta
pedirle a alguien que se quedara
si prometía no irse,
¿no crees?

Sé que nunca destaqué por ir demasiado rápido
pero que a su vez
las cosas salían con demasiada fluidez.
También sé que para ti era nuevo
pero que tampoco tuviste valor
para apostarlo todo al as,
al negro.

Así que supongo
que ahora mismo solo tenemos
un montón de recuerdos
desordenados
que no dicen nada
y que
a su vez
cuentan nuestra historia.
Nada, ya ves.

¿Alguna vez fuimos algo?

Por qué
si tanto lo quisimos
nunca nos decantamos
por avanzar de la mano
y decidimos
cruzarnos de brazos.

Por qué
si tanto nos quisimos,
aunque no lo dijéramos,
nos perdimos en el poder
de la suposición.

Por qué,
joder,
por qué
tuvimos que dar por hecho
que no hacía falta nada más
cuando ni siquiera estábamos
nosotros.

Supongo que lo sé,
y que siempre lo había sabido.
Que no se trataba del tiempo
sino de las sonrisas,
y la tuya gritaba tantas cosas...
Y tu mirada...
joder,
tu mirada
pedía mis manos
por tu espalda
cada noche,

pero no lo decías.

Que ya lo sé.
Yo también tuve miedo,
pero supongo
que ahora
que no estás,
ni estoy,
ésta oscuridad da mas miedo
que cualquier
salto
al
precipicio.