Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

martes, 2 de mayo de 2017

Capítulo uno.

Estos días me he dado cuenta de que llevo un par de meses pensando que no me encuentro. He achacado a personas el apodo "error" por no querer darme cuenta de que el único fallo de la ecuación era yo.

Estoy cambiando. Y están cambiando mis letras. Mi forma de ver las cosas y de luchar por ellas. Y creo que es justo que esto también lo comparta con vosotros.
Los que me leéis desde el principio sabéis que innumerables veces he querido desaparecer de todo esto por no saber qué decir, o qué aportar. Que he tenido miedo demasiadas veces y me han roto un par, que han valido por mil. Que siempre he vuelto diciendo que esto es lo único que me hace respirar y que he sabido echarle cojones al problema y me he levantado después de jurar no tener valor de hacerlo. Los que no, lo habéis descubierto en base al momento en el que habéis aparecido y los que llegáis de nuevos, hola y bienvenidos.

Hoy quiero hablar de tú a tú. Sin hablar en plural, sin generalizar. De mi a ti. Y al revés.
Hoy me gustaría poder abrazaros a todos aquellos que utilizáis este blog para encontraros y recomponeros, porque a mí me hubiera gustado que alguien estuviera ahí en ese momento, pero no puedo. Lo único que puedo es contaros, desde mi punto de vista, como son las cosas. Así que creo, y digo creo porque a veces me cuesta mucho hacer que mis decisiones perduren, que a partir de ahora van a quedar atrás los textos de desamor y los intentos de poemas que solo hablan de dolor. Quiero hablar sin pelos en la lengua y sin preocuparme de que "quede bonito" al poner punto y final.

Y si me lo permitís, ayudaros. A cada uno de vosotros en todo lo que pueda.

Esta noche quiero haceros ver que a veces, cuando creemos que estamos tomando la decisión equivocada porque nos está doliendo, no implica que sea un error. A veces las mejores decisiones duelen, y durante mucho tiempo. A veces es mejor dejar ir, aunque pensemos que podemos controlar el dolor si ese 'alguien' está. Pero no. Siento quitaros la venda de los ojos tan rápido, pero no es verdad. Esperar que alguien deje de hacerte daño es como creer que va a llover en un día que solo irradia sol. Por mucho que cueste aceptarlo hay personas que nunca encajarán con nosotros de la forma que queremos. Y duele, ya lo sé, pero todo es cuestión de tiempo. Y sé que suena típico y que ahora mismo solo puedes pensar en respirar, aunque mañana te ahogues más. Pero no funcionamos así. No se trata de tomar pequeñas decisiones cada día y esperar que el tiempo se encargue del resto, porque no va a hacerlo. A veces parece que no queremos ver que nuestros sentimientos son, la mayor parte, nuestras decisiones. Nuestros intentos de continuar con algo que en el fondo sabemos que tiene fecha de caducidad.

Me gustaría que entendierais que el amor propio es el amor primordial. Que si no te quieres tú mismo no puedes esperar que la persona que venga te quiera por ambos, porque no va a hacerlo bien. No somos nadie para otorgarle a alguien la responsabilidad de querernos como nosotros no sabemos. No es justo. Así que no sé, piénsalo. ¿A la larga quién crees que va a estar para siempre? Si vas a ser tú, y lo sabes. Pero no te quieres, porque eso implicaría ser egoísta y admitir que claro que tienes algo bueno que enseñarle al mundo, pero que te da miedo que la gente lo vea y lo destroce. Y al final, entre secretos y amores complicados te acaban rompiendo igual, y te sientes mas solo.

Date cuenta de que al final, entre unas y otras, llegas al mismo punto de partida donde el primer paso hacia delante lo das tú solo. Y siéntete orgulloso porque no es fácil. No es fácil quererse lo suficiente como para anteponerse a alguien que te duele y que a la vez quieres. Si has llegado hasta ese punto enhorabuena, de verdad, y ánimo. Si todavía te quedan un par de casillas más solo puedo decirte que sigas adelante, sin miedo, sin peros, sin rechistar. Que todo en esta vida cuesta y aunque de pequeños nos enseñen en perseguir nuestros sueños, no implica no tener la opción de rendirse en algunos ámbitos para ganar el triple en otros más. No sé, haz balanza.

Y ahora, si has llegado hasta aquí, me toca darte las gracias. Por seguir leyendo y por ser un paño de lágrimas siempre disponible para que pueda vomitar todos mis secretos y miedos que no tengo valor de gritar. Gracias por darme la oportunidad de ayudar y por dejarme estar contigo un ratito.
Espero que te sirva, que reflexiones, y que te dediques tiempo para conocerte y quererte. Y si durante el camino pierdes el rumbo recuerda que sabes donde puedes encontrarme.