ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

miércoles, 21 de junio de 2017

As.

Quizás llevabas razón
y aquella fue nuestra última vez. 

Nunca pensé que querer a alguien
iba a significar
perder.

Ahora no puedo pedirte perdón
por fallar
porque ni siquiera sé
que salió mal esta vez.
No quiero pensar que fue culpa tuya
porque implicaría que cometí 
el
error
de
quererte,
y bien fuerte. 

Tampoco puedo echarme piedras
cuando
a partir de ahora
tengo que empezar a recoger
todos los pedazos que se han caído
por ahí,
por aquí
y por donde quiera
que estés;
y no puedo permitirme
seguir esparciéndolos
así como así.

Esta mañana me he acordado del olor de tu pelo
y he tenido la sensación 
de que volvía a casa,
por fin.

Ahora sí,
te voy a pedir perdón de antemano
porque sé que ahora voy a hacerte daño,
mi amor,
que ya hasta pensarlo me duele,
el saber que esas palabras nunca más
volverán a ir dirigidas 
a ti.
Hoy me toca a mi abrir la herida
y meter el dedo en la llaga
para sentir
que no fui la única 
a la que le costó
decir adiós
aquel día.

Hoy el alcohol no va a servirte
de ayuda
porque sé 
que esta herida
solo la llevo yo conmigo.
Pero quiero que sepas,
mi
amor,
que aun así
va a dolerte a ti;
por todo el dolor que me obligaste
a tragar
tantísimos meses atrás;
por todas las ausencias
que llevaban otro nombre.

Por todo,
y todas las demás.

Y ahí,
justo ahí,
cuando te des cuenta
de que querer
no es mas que un juego de azar,
verás que jamás
aposté contra ti
y que además
jugué por ti todas mis cartas.