ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

domingo, 16 de abril de 2017

Soy luz al final del túnel.

Me siento rara. He aprendido a dejar la mente en blanco porque por fin he aprendido a dejar cada cosa en su lugar, y ya no tengo remordimientos. He dejado de tener pesadillas porque ya no tengo miedo a perder o perderme. Me he clavado los pies al suelo y solo yo soy capaz de hacerme avanzar.
He optado por no dejar más sentimientos a deber y comprarlos todos para mí. Solo existo en un mundo que solo es mío. Por primera vez no hay terceras personas. Ni segundas. Esta vez solo hay una protagonista luchando por sí misma. Después he dicho adiós al amor porque ahora solo me interesa el propio. Le di el corazón a demasiada gente y por poco no me queda un trozo para mí. Pensaba que me había perdido innumerables veces y en realidad jamás llegué a hacerlo. Solo estaba siguiendo un camino que no era el mío y a veces no tenía con quien avanzar.

He tenido miedo a que nadie me echara de menos. A soltarle la mano a alguien que ni siquiera me la estaba agarrando ya. Miedo a creer que no soy suficiente y equivocarme. Me he atado a un clavo ardiendo pensando que después vendría algo más que el jarro de agua fría.

Hoy he entendido que siempre se ha tratado de mí y me he dedicado a mirar hacia los lados buscando motivos para seguir cuando siempre me he tenido a mí. Echando las culpas de mis pasos a personas que nunca me exigieron seguir, aunque yo lo hiciera.

Hoy asumo mi culpa. Hoy digo adiós a piedras que pensaba que serían parte de mi toda la vida y a muchos recuerdos. Digo adiós a mucho dolor. A malas decisiones que no he sido capaz de aceptar. Digo adiós a todo lo malo que nunca supo dejarme respirar, porque hoy siento que he vuelto a nacer. Siento que he abierto los ojos y que hay algo detrás de todas esas montañas. Porque hoy creo en mí por todos aquellos que algún día dudaron y por los que siempre confiaron.