ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

martes, 14 de marzo de 2017

Un paso a la derecha.

Empieza a oler a quemado aquí. A mí me pican los ojos y eso solo puede significar lo de siempre.
Ya vuelvo a morderme el labio con tal de no llorar. Otra vez tengo que contar hasta diez para no explotar. Estoy cansada de sentir que soy una granada siempre a punto. El cero a la izquierda que no es capaz de creer ni en ella misma, y la estúpida que acaba echando de su vida a todo el que la quiere de verdad.

Supongo que a veces no existen las oportunidades, que tienes que ir tú misma en busca de ellas para que te encuentren y volver a llamar a alguien suerte, o peor, hogar.

Has tirado a la basura todos los recuerdos y del enfado siento que me arde la piel. De la rabia que llevo creo que voy a caerme al suelo y voy a romperme, otra vez. Siempre otra vez. Siempre pisando en suelo ya mojado y escribiendo lo mismo con diferente tinta. Siempre gritando que se acabó a sabiendas de que volveré a querer como si no hubiera un mañana, porque para mí algún día no lo habrá.

Me empeño en dar pasos agigantados hacia delante y solo estoy dejando el rastro de donde vengo porque me da miedo perderme en otros ojos. Estoy deseando que sea invierno para volver a dormir entre los brazos de alguien sabiendo que quizás, y seguramente, solo me tenga a mí. Y desde hace tiempo, no me basto.
Que no. Que a no me sirvo. Que me he vuelto un chicle usado, un bolígrafo sin tinta, un reloj en pausa y una película casi al acabar, o peor, sin final. Y no me sirvo.

A veces solo me tengo miedo. Sé que si me fallo voy a empezar a autodestruirme y soy capaz de hacerlo, aunque sea sin querer. Sigo teniendo miedo a dar el corazón por si me lo devuelven a trozos o ni siquiera me lo devuelven.

Echo de menos ir de la mano de alguien y sentir que estoy en casa. Echo de menos quererme. Escribir, de mí, por mí, y para todos, como siempre. Mirarme en otros ojos. Sonreír a la vez que alguien y el cosquilleo. Echo de menos las primeras veces. Los besos robados y los abrazos por la espalda. Me echo de menos. A mí.
Contigo.
Pero está empezando a oler a quemado aquí y sé que es porque te has ido. Sé que te has encargado de hacer cenizas todo lo que era de dos. Sé que me odias por no quererte como querías. De verdad que lo sé mi amor. Pero tampoco me importa.
Tarde o temprano el tiempo te enseña que hay a quién le toca esperar y hay quién hace esperar al siguiente. Yo he vuelto a ponerme en la cola, a ver si la suerte está de mi parte y volvemos a cruzarnos. A ver si tengo alguna oportunidad de poder llamarte de nuevo hogar.