ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

lunes, 7 de agosto de 2017

Nada

Supongo que pensé que esta vez iba a ser diferente
y que,
después de repetir tantas veces que saldría bien
iba a ser así.

Y ahora mírate,
míranos,
nos hemos convertido
en esa
nada
que ahoga tanto,
en medio de un mar
lleno de preguntas
que solo justifica
que quisimos,
pero no lo suficiente.

Quise creer que sí
y al final
di el paso
antes de hacer la pregunta
y me tropecé con tus respuestas
y mis excusas.
Con todos esos
"puede ser"
que nunca fueron.

Me tropecé conmigo
en un desesperando intento
de averiguar
si estabas ahí
para agarrarme de la mano.

Fallaste.

Así que supongo
que ahora,
después de no haber sido
somos nada,
tan nada,
tanto
nada,
que hasta reconforta.
Ahora,
que nada quema
porque nada hay
ya que nada somos,
respiro.

Respiro como si nunca hubiera necesitado
tu aire
para seguir.
Respiro como si nunca
me hubiera costado levantarme
después de una noche regular
en un día cualquiera.

Así que,
al final,
entre tantas preguntas
me dejaste una sin responder,

¿en qué momento nada empezó a ser lo suficiente como para quedarse,
si quedarse
implicaba
no ser nada
para ser siempre?