ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

lunes, 28 de agosto de 2017

Llegas tarde

Tengo que ser sincera.
Sé que vienes dispuesto
a curar todos mis errores.

A echar alcohol a todos esos días
que quise romperme un poco más
con tal de que alguien
siguiera un ratito más
aquí.

Tengo que serte sincera,
llegas tarde.

Llegas tan tarde que
en realidad
hay días que ni te esperé.

Dime que dejó de ser cierto
que nunca importó
nadie más.
Llegas tarde,
mi vida;
tan tarde
que dejó de salir el Sol
y ahora tenemos que acostumbrarnos
a dormir y levantarnos
con la misma oscuridad.

Porque ya me he perdido,
y estoy en aquel laberinto
buscando recuerdos
que sigan doliendo.

Esta es mi guerra
y no quiero que nadie más
muera por mi
sin antes
hacerlo yo.

Así que
hoy tengo el corazón en un puño
listo
para salir ahí fuera
y comerse el mundo
gritando que claro que puedo
solo que nunca quise
dejar de pensar en los demás
para pensar en mí.

Hoy se han acabado las comas,
hoy empiezan los puntos,
lejos
de comenzar algo en la misma línea.
Se nos ha acabado el tiempo
para estar tumbados en el suelo
y no esperar.

Porque llegas tarde mi amor,
y ahora importo yo
y
nadie
más.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Pérdidas en Mayo.

Sé que siempre pareció fácil, supongo que nos entendimos y a la vez, eramos demasiado complicadas. Sé que siempre fue más fácil aparentar que nunca dolía nada, que nada podía con nosotras y que así nadie entraría aquí y lo pondría todo patas arriba. Más aún.
También sé que tengo que dejar de engañarte, y de engañarme. Porque tengo una herida aquí tan profunda que no sé si algún día va a curarse. No tengo ni idea de si esto significa que verdaderamente llegaste a marcarme de por vida, y ahora solo me queda la mitad de todo en lo que me convertí gracias a ti, porque te llevaste los restos de lo que era antes de todo esto, y te cobraste el cambio muy caro.

Tengo que ser sincera porque realmente nunca quise que te fueras, ni porqué dije todo aquello de que nada valía la pena cuando la vida solo valía cuando estabas cerca. Y joder, duele tanto ver que te fuiste porque te eché y no porque quisieras... Que al final llevabas razón y la cabeza ganó al corazón, aunque solo fuera un rato. Aunque fuera en ese momento.
Que, cuando cerraste aquella puerta y cogiste todas las maletas, aquel vacío no solo se notó en casa. Que todo en lo que creíamos se rompió y cayó al suelo como si se nos hubieran derramado las ganas de repente, y no nos quedara nada. Aquel vacío me hizo darme cuenta de que los cristales cortan, pero los recuerdos llegan a hacerlo más. Y qué bien lo hiciste para quedarte aun habiéndote ido. Y qué mal lo hice yo, para saber que nada mas salir, desaparecí entre toda esa gente que había a tu alrededor. 
No tuve la oportunidad de permanecer aun sin estar porque tú si que pasabas página, y yo... yo solo quería releer el capítulo una vez más. 

Sé que no queda tiempo, que seguramente dolerás todo lo que quede, y que estaré sentada esperando a que termine mi sentencia. Que me lo merezco, y que nunca llegué a merecerte del todo. Que no quedan más días de verano, y que el invierno esta vez va a durar mucho tiempo. Que las noches las pasaré en vela, y que las calles de la ciudad echarán de menos nuestros besos. Nuestros paseos y tu risa. Que las canciones ya no se escucharán igual, y sobre todo, que nadie más me hará reír así. 

Ahora me he dado cuenta de que nunca importó nada más que nosotras, y que aun así tuviste que aguantar que le diera prioridad a algo que no era de las dos. Que solo era mío. Que hoy es tuyo. Que al final no será de nadie. 

Hoy se paran los días. Hoy sé que hace tiempo que se nos agotó. Hoy ya no importa nada, porque importó, y no supe cuidarlo. 
No supe cuidarte. 
Y qué lastima que siempre acabe llegando tarde.
Que lastima,
vida,
porque ya no pueda llamarte mía.

viernes, 11 de agosto de 2017

Y sé.

Antes que todo
sé que tengo que pedir perdón.

Sé que tengo un nudo aquí
desde hace tiempo
que al final
ha terminado por asfixiarme.

Sé que me he equivocado
innumerables
veces,
y que he optado por coger el camino fácil
cuando no era el adecuado,
ni tampoco el que quería.

Sé que no debería ser así
y que a día de hoy
no tengo a derecho a quejarme por lo que hice
porque lo hice.

Antes que todo
sé que no puedo volver atrás,
que no puedo exigir un tiempo
que realmente nunca he dado.
Y que ya no está.

Sé que debí pedirte que te quedaras,
y que nunca tuve cojones
de gritar más alto
por si te ahuyentaba.

Así que no lo hice.

Ni siquiera tuve valor de mirarte
a esos ojos marrones
y darte las gracias por todo.
Las gracias.
Joder.
Que yo nunca he sido de palabras
y aun así
sentía que todas se me amontonaban
y salían de golpe.

Pero nunca dije nada.

Nunca lo dije porque pensé,
estúpida de mí,
que no haría falta
pedirle a alguien que se quedara
si prometía no irse,
¿no crees?

Sé que nunca destaqué por ir demasiado rápido
pero que a su vez
las cosas salían con demasiada fluidez.
También sé que para ti era nuevo
pero que tampoco tuviste valor
para apostarlo todo al as,
al negro.

Así que supongo
que ahora mismo solo tenemos
un montón de recuerdos
desordenados
que no dicen nada
y que
a su vez
cuentan nuestra historia.
Nada, ya ves.

¿Alguna vez fuimos algo?

Por qué
si tanto lo quisimos
nunca nos decantamos
por avanzar de la mano
y decidimos
cruzarnos de brazos.

Por qué
si tanto nos quisimos,
aunque no lo dijéramos,
nos perdimos en el poder
de la suposición.

Por qué,
joder,
por qué
tuvimos que dar por hecho
que no hacía falta nada más
cuando ni siquiera estábamos
nosotros.

Supongo que lo sé,
y que siempre lo había sabido.
Que no se trataba del tiempo
sino de las sonrisas,
y la tuya gritaba tantas cosas...
Y tu mirada...
joder,
tu mirada
pedía mis manos
por tu espalda
cada noche,

pero no lo decías.

Que ya lo sé.
Yo también tuve miedo,
pero supongo
que ahora
que no estás,
ni estoy,
ésta oscuridad da mas miedo
que cualquier
salto
al
precipicio.

lunes, 7 de agosto de 2017

Nada

Supongo que pensé que esta vez iba a ser diferente
y que,
después de repetir tantas veces que saldría bien
iba a ser así.

Y ahora mírate,
míranos,
nos hemos convertido
en esa
nada
que ahoga tanto,
en medio de un mar
lleno de preguntas
que solo justifica
que quisimos,
pero no lo suficiente.

Quise creer que sí
y al final
di el paso
antes de hacer la pregunta
y me tropecé con tus respuestas
y mis excusas.
Con todos esos
"puede ser"
que nunca fueron.

Me tropecé conmigo
en un desesperando intento
de averiguar
si estabas ahí
para agarrarme de la mano.

Fallaste.

Así que supongo
que ahora,
después de no haber sido
somos nada,
tan nada,
tanto
nada,
que hasta reconforta.
Ahora,
que nada quema
porque nada hay
ya que nada somos,
respiro.

Respiro como si nunca hubiera necesitado
tu aire
para seguir.
Respiro como si nunca
me hubiera costado levantarme
después de una noche regular
en un día cualquiera.

Así que,
al final,
entre tantas preguntas
me dejaste una sin responder,

¿en qué momento nada empezó a ser lo suficiente como para quedarse,
si quedarse
implicaba
no ser nada
para ser siempre?