Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

martes, 12 de julio de 2016

La luz, a oscuras.

¿De que sirve querer sin querer ser querido? No por más pétalos que quites a una margarita vas a averiguar si ese amor es correspondido o no. No por mas desearlo, va a llegar antes.
No es por nada, es por mi que supongo ya no sé ni querer ni ser querida. Ni luchar. Ni siquiera sé intentarlo por mi. ¿Que voy a esperar de la vida si ni yo le doy motivos para quedarse? O quedarme yo. O simplemente que algo sea durante mas de cinco minutos y no cambiemos de opinión. Que algo sea porque tenga que ser y estos líos de cabeza desaparezcan. Y dejar de poner apodos a gente que crees querer y que al final solo serán hojas en blanco en tu vida. Hojas que ni mirarás porque sabrás que no habrá nada que merezca la pena recordar.

Estoy tumbada en la cama, mirando el techo contando todas esas veces que he conseguido algo y que todavía me dure, y no me ha hecho falta ningún dedo de la mano. No, no soy un fracaso, pero estoy al borde de tocar el techo porque el agua está hasta el cuello y hoy no veo salida. Igual ni la hay, que sé yo. Siempre he creído en mi y al final me he acabado perdiendo. He perdido todo por lo que algún día luche. Y sin embargo, sonrío. Puede ser que el que mas se rompe, al final, menos espera. Puede que esto me esté pasando a mi. A parte del tiempo. 

No quiero estar toda la vida arrepintiéndome de cosas que he hecho y de las que me quedaron por hacer. Llevo años esperando que aparezca alguien que sea capaz de darme la estabilidad que necesito y qué verdad eso de que el que espera desespera. Qué verdad eso de que cuando lo buscas no aparece. Así que he decidido dejar de esperar. Quedarme andando por el camino, sola, y supongo, recorrerlo entero. Y si me pierdo no importa, total, ¿desde cuando las cosas que no sirven se guardan para siempre?