Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

domingo, 5 de junio de 2016

Dos minutos más.

Esta mañana he empezado a ver la vida con el corazón. He pedido que el reloj esperara dos minutos más y me diera una tregua antes de levantarme. Esta mañana quería disfrutar del silencio, porque ya no hacía daño.
He abierto la ventana y la vida ha empezado a parecerme bonita. He querido ser un pájaro para irme a cualquier rincón del mundo y sentirme libre. Sin derechos. Sin obligaciones. He querido ser, para mi. Con el mundo.

Esta mañana no quería no creer y he creído. En la vida. En los cinco minutos más. En la primera cucharada de helado. En la risa, sí, en la risa porque sí. En las noches de verano llena de sueños y de ilusiones. En el primer beso.  En la lluvia una noche de verano. El sol de Diciembre y esa "primera vez" para todo. He creído en los comienzos y en la falta de finales. He esperado no tener que esperar y he visto que, después de todo, uno al final sonríe para sí. He creído en el cigarrillo entre amigos y la última cerveza que nos hace decir algunas cosas de más. En las despedidas. En los reencuentros. En los bailes. Las canciones. Los "a que no te atreves". He creído en poesía, la de verdad. En las llamadas hasta las tres de la mañana. En los abrazos a la almohada. En las películas de terror acompañada de alguien que nos da demasiado miedo perder. En la amistad. En los paseos por la playa. Un buen libro o el primer baño del verano. En el último y en el final de éste.
En los abrazos en invierno y las primeras bolas de nieve. He creído en las guerras que acaban llenas de besos. En los espejos que por fin hablan de nosotros y nos cuenta cómo es eso del amor propio. En los planes de futuro. En las montañas rusas y lo que se siente al ir cogido de la mano de alguien por primera vez. He creído, sin lugar a dudas, en el destino. En la suerte y en el tiempo, que al final va a ser verdad que nos pone a cada uno en su lugar.

Y es que nos empeñamos en no ver mas allá cuando nos falta alguien sin ver que la vida al final acaba siendo maravillosa. Que detrás de todo "por qué" hay un "porque sí" que hace que todo tenga sentido. Y nos auto-convencemos de que hay que cerrar los ojos para no ver si algo nos duele cuando las vistas desde arriba son increíbles. Somos increíbles.

Y qué bonito es reír cuando alguien consigue hacernos feliz. Y qué bonito es cuando, después de todo, vivimos a base de "quiero" y no de "debo", ¿no? Y qué bonito, sí, es querer sabiendo que nunca nadie se querrá igual.