Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

jueves, 3 de marzo de 2016

Hasta luego, espero.

Por primera vez no hay música de fondo ni mucho menos inspiración. Después de todo en los funerales no hay música. No, no me muero, tampoco exageremos. Pero los funerales son despedidas. Perdidas. Cambios. Y supongo que es lo que me toca ahora a mi. Cambios que llevo queriendo llevar a cabo hace muchos meses y que creo, ha llegado el momento de comenzar. Suena irónico, ¿no? Hablo de finales a la vez que de comienzos.
Hace bastante tiempo que dejé de conocerme. De saber quien era. ¿Nunca os ha pasado que os habéis despertado una mañana y no os habéis reconocido al miraros al espejo? Llevo viviendo eso demasiados meses. Demasiadas mañanas en las que no sabía a qué iba a enfrentarme al salir por la puerta, ni mucho menos a como iba a reaccionar. Porque no era la misma. No soy la misma. Y no quiero eso.
Hace mucho que dije que cambiaría y que volvería a ser yo, pero en realidad, no lo recuerdo. No puedo volver a ser como antes porque no recuerdo como era, pero sin embargo me echo de menos. Mucho. Es extraño, ¿no? Como cuando echas de menos los abrazos de alguien a quien nunca has tenido. Como cuando miras un plato de comida y sabes que no te gustará incluso sin haberlo probado. No sé. A veces somos tan sumamente extraños y parecidos a la vez que da hasta miedo.
Hacía mucho que no escribía una entrada porque sí, sin hablar de perdidas ajenas, de amores que quedaron en imposibles o de intentos por ser valiente que fracasaron con la primera piedra que se puso en el camino. Hacía mucho que no era yo en este aspecto, y después de todo, creo que necesito tomarme mi tiempo para volver a conocerme a mi misma. Para volver a quererme, ¿sabéis? Siempre he dependido de alguien y he esperado que me quiera todo lo que no era capaz de quererme yo, y solo ha provocado que acabe decepcionada, conmigo por confiar en ello y con la otra persona por no quererme como esperaba. Y supongo que me he cansado de sentir que el mundo siempre está antes que yo y no al revés. De escuchar como todos me dicen que siga hacia delante cuando he estado tirando del pasado para que siguiera siendo presente y acabara en el futuro. Por...ya sabéis...ese alguien a quien solemos llamar "el amor de nuestra vida". Y no ha funcionado. De los mismos "tu puedes" cuando estaba claro que no podía. ¿Cómo iba a poder pasar de algo que no quería dejar? No nos engañemos, no quería mirar hacia delante porque era mas bonito mirar hacía atrás y pensar que quizás, cogiendo cada detalle y repitiéndolo todo volvería a su lugar. O bueno, al lugar que creía que era el correcto. Pero eso nunca ocurría, porque aunque cueste asumirlo, que cuesta, hay cosas que estan hechas para no volver a repetirse nunca. Para que pasen unicamente una vez en la vida y luego queden solo para el recuerdo. Cosas buenas. Supongo que por eso valoramos lo que no tenemos o lo que hemos tenido cuando lo perdemos. Supongo que por eso me ha costado tanto avanzar. Supongo que por eso he llegado a querer todo lo que he querido. Me volví loca, pero loca de verdad. Vivía por y para volver a tener esa sensación de felicidad, de calma conmigo misma. Perdí tanto la cabeza que me pisoteé a mi misma con tal de buscar remedios para volver a todo aquello. Pero no vuelve porque igual, es lo mejor.
Aunque no lo parezca a veces es mejor que "epocas" que creemos que son lo mejor que nos ha pasado, acaben. Porque aunque os joda leerlo, todo, repito, todo, siempre se acaba jodiendo. Y pocos son capaces de hacer que lo que se jode, vuelva a tomar el camino correcto aunque no sea el mismo que el anterior. Eso es llevar una relación a flote. Pelearte diez veces al mes y reconciliarte doce, una más, por si las moscas; y que te sigas levantando cada mañana dandole gracias a la vida por tener lo que tienes, y a quien tienes. Eso mismo perdí yo por perderme a mi misma. Por volverme loca. Por no darme cuenta de que tenía que parar y no seguir dando patadas al aire o cabezazos contra la pared. Y he luchado mucho, creedme. Pero ya me he cansado.
Solo venía a decir que es hora de que me tome mi tiempo para mi, para mi felicidad y que nunca, jamás, dejéis que nadie os diga que no sois capaces de algo, porque os aseguro que se equivocaran.