ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

miércoles, 6 de enero de 2016

Miércoles,6 de Enero del 2016: acuérdate.

Hoy vengo a escribirme una carta a mi misma para recordarme cuánto lo intenté y lo poco que conseguí después de todo. Para recordarme que echar de menos nunca está de más y que al final es verdad eso de que nadie muere por nadie. Vengo a pedirme paciencia. A buscar recompensas que solo y únicamente dependan de mi. 
A echarme las culpas de todo lo que sé que no hice bien y a quitarme este peso de encima que ya no tiene que ver conmigo pero que aun así aguanté por no querer fallar a nadie, cuando al final me fallé a mi. Quiero recordarme qué es sonreír por mi misma y cuantas veces me ha costado recordar por qué vine aquí. Por qué empecé todo esto y gracias a quién ya no tomo el camino equivocado.

Vengo a dar las gracias por haber sido y sobre todo, por dejar de ser. A contar todas esas cosas que no nos salieron bien y mi escudo de no querer ver, cerrar los ojos y luchar por algo que se alejaba más y más cada día. Vengo a cantar canciones sin que me recuerden a momentos, a personas o a despedidas. A hacerme una promesa a mi misma y quererme ya que muchos otros no supieron hacerlo. 

Escribo para que quede claro que las piezas pueden llegar a juntarse si sabemos cómo y con quién colocarlas. Que todo viene y va excepto nosotros mismos y no debemos olvidarlo nunca. Que los sueños no siempre se harán realidad pero que no por ello hay que dejar de intentarlo. Y qué mas da con quién estemos dentro de veinte años si hoy somos felices con lo que tenemos. Que no por más ansiarlo el tiempo va a correr mas rápido, o mas lento. Que todo llega, igual que pasa. Y es absurdo añorar algo que sabes que no va a volver, igual que lo es abrir puertas demasiado pronto por miedo a la soledad. 

Hoy quiero dedicar un minuto de silencio por todas esas personas que pensé que hoy estarían aquí y no están y viceversa. Por haber aprendido que perder a veces significa ganar y que de vez en cuando un café caliente y un libro es el remedio a muchos males. Que los aniversarios también se pueden celebrar en solitario y que no siempre vamos a obtener una respuestas detrás de un por qué. Que pasar página no significa olvidar y olvidar no significa que nunca vuelva a doler. El amor no es decir te quiero igual que tampoco por gritarlo a los cuatro vientos va a ser algo más grande. El valor de sus palabras no va a medirse por la grandeza ni mucho menos por cualquier otra chorrada que os inventéis que no sea algo parecido a la demostración. Lo real. Lo que a veces simplemente es sencillo pero nos cuesta enseñar. Un abrazo. Una sonrisa o darse media vuelta al despedirse para verle una última vez.

No quiero olvidar quien soy ni de donde vengo. Ni por qué estoy aquí. Quiero que dentro de tres años todo lo que quede aquí guardado valga la pena recordar. Quiero ver la superación, el día a día y las caídas siempre y cuando recuerde cómo conseguí levantarme. Quiero reírme de las decepciones y soportar la ausencia de los que sé, seguirán sin estar. Quiero seguir siendo yo pero siendo un poquito mejor cada día como bien me enseñó alguien hace mucho, y quiero ir y demostrarle que aunque no sea igual, le agradezco haber sido la primera persona en confiar en esto. En mi. Y darle las gracias por no desaparecer.

Espero no echarme de menos a mi y saber que pase lo que pase, seguiré durmiendo en el mismo lado de la cama. Seguiré enfadándome por lo mismo y llorando con las mismas películas. Seguiré con mis infinitas ganas de querer a sabiendas de que no siempre se es querido. Seguiré teniendo mi lado ñoño y espero, escribir con un par de tatuajes más. Espero sonreír como antes lo hacía y sobre todo, espero seguir teniendo a todos aquellos que siempre serán mi prioridad. La familia que lo es y la que tengo la suerte de poder elegir.