Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

miércoles, 14 de enero de 2015

1233.

Voy a parar de correr de una vez y voy a mirar a qué se supone que estoy buscando con tanto ansía. A ver si es por ti, o por lo que un día fuiste. Si quizás es por esta tonta manía que tengo ahora de dedicarte cada verso o si ya simplemente nunca dejaré de hacerlo. 

He cerrado los ojos infinidad de veces y he intentado imaginar como sería mi vida sin haberte conocido. He imaginado si ahora sería feliz. Si derrocharía alegría o si estaría, por el contrario, con el corazón roto por otra persona. Y siempre suena nuestra canción de fondo, esa maldita canción que marcó aquel antes y aquel después. 

Esta vez no vengo a hablar de dolor, ni de ilusiones. Esta vez no vengo a decir lo mucho que creí en esto o lo rota que he acabado, me he cansado de quejarme de lo mal que me va la vida en vez de salir ahí fuera y volver a dar todo el corazón, aunque sea a pedazos. 

Tampoco vengo a mentir y a decir que la vida es mas fácil sin ti, o que he conseguido terminar pasar página del todo. Después de tanto, es difícil eso de borrar recuerdos, y ya sabes lo cabezota que soy y lo que me gusta recordar hasta la primera vez que sonreí por tu culpa. Pero no te preocupes, que como tantas veces pediste, estoy en ello. Estoy en proceso de poder levantarme una mañana y no mirar al otro lado pensando que estás ahí. Estoy mentalizandome de que tengo que dejar de coger dos tazas de café cada mañana creyendo que estás en el baño. O esa manía que tenía de salir de casa y mirar atrás para verte y darte ese último beso antes de cerrar la puerta. Tengo que dejar de sentarme en el sofá y mirar todos esos álbumes de fotos que tantos armarios han llenado y que los dos sabiamos que estaban de adorno, porque al fin y al cabo, si tienes a esa persona a tu lado no te dedicas a mirar fotos antiguas, sino a crear muchas más nuevas. A seguir acumulando recuerdos y sonrisas. 
También tengo que dejar de mirar el teléfono esperando que seas tú cada vez que suena. Pero sobre todo, tengo que dejar de esperar que vuelvas. Tiene que entrarme en la cabeza que mis innumerables cagadas, tus palabras y nuestros multiples miedos han hecho pedazos algo por lo que verdaderamente había cuidado durante tanto tiempo. 
Y es que, tengo que entender que todo se ha acabado, que ya nada puede ser y que ese último beso fue la llave que cerró todo esto. La misma que abrió el corazón. 

Así que ahora te pido que por favor, dejes de llamar a casa cada noche. Que dejes de buscarme en aquel bar y sobre todo, no busques que vuelva a decirte que te quiero pese a todo cuando ya no es verdad, o al menos eso tengo que hacerte creer. Cuando las palabras dejan de tener valor si no se demuestran. 

Prometimos ser lo suficientemente maduros para acabar esto igual que lo habíamos sido a la hora de querernos. Con lo que no contamos es con que al final, los que mejor saben quererse son los adolescentes. Sí, al final ellos son los únicos que dan la vida y el corazón por amar a la otra persona. Cosa que, que pena la nuestra, no fuimos capaces de hacer ninguno de los dos.