ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Nos espero.

Me duelen los oídos de escuchar a la gente decirme que ya no me quieres. Que al final he sido la idiota que se ha quedado aquí esperando un final feliz cuando solo hemos llegado al final. He perdido. Te he perdido. Me he perdido.
Ahora tengo un puñado de cartas en las que te pregunto qué nos pasó. Si fue por mi, por ti o por el tiempo. Si esto es cosa del destino o ha sido la vida que una vez más parece que se ríe de nosotros. Tengo cartas que no tengo cojones de enviar. A estas alturas me da miedo saber la verdad aunque la esté viendo. Qué estúpido. Lo nuestro. Y qué verdad esa frase que dice "estaba claro, ¿quien iba a quedarse con alguien como yo?"

Desde que cerraste la puerta me ha dolido cada segundo que no has estado. He escuchado como se iban rompiendo todos los trozos y al final he acabado saltando yo al abismo por miedo a que éste me tirara a mi. Y ahora que estoy cayendo se me viene a la mente tu sonrisa. Joder, qué bonita era, ¿eh? He recordado tu mirada y los silencios que se creaban después de uno de tus 'te quiero'. Mi sonrisa y tus cosquillas. Nos he echado de menos. Y sigo cayendo. No sé cuándo cojones va a parar este dolor porque no sé si quiero dejar de recordarte. Fueron pocos meses, pero me cambiaste la vida, joder. Yo, que me metí en este túnel por miedo a volver al pasado y ahora resulta que me he enganchado a algo que, por lo que dicen, no me hace bien.
Se repite la historia.
La mía, no la nuestra.
Esto siempre va de mi y de mis planes. Los que nunca cumplo.
Sigo cayendo en las trampas de la vida a sabiendas de que conozco las piedras que valen la pena y las que la dan. Y me da pena, siempre le cojo cariño a la equivocada. Y tropiezo. Conmigo misma. Y contigo. O con quien me toque.

Ahora escribo letras por ti, quién lo diría. Ahora lloro tu ausencia cuando el día que nos conocimos me llamaste idiota por vivir en el pasado. Supongo que es mas fácil recordar el pasado que enfrentarse al futuro. Supongo, no sé, que metí la cabeza en algo que al final también le ha incumbido al corazón. 
Esta vez no voy a pedir perdón por haber sido yo. Ni siquiera voy a esperar que lo des tú.
Esto ha pasado porque tenía que pasar. Aunque me duela. Aunque me pase meses cayendo por este precipicio cuando esperé que estuvieras tú de mi mano. Aun así, y pese a todo, te espero. Te espero porque esperarte implica esperarme a mi para recuperar esa parte de mi corazón que te llevaste, y la echo en falta. Te espero para decirte, "¿ves? te dije que valdría la pena". Te espero para demostrarle a la vida que ya pueden pasar mil años, que mi último día quiero pasarlo contigo.

Mientras, haz tu vida, que seguiré esperando que seas feliz a sabiendas de que no volverás a ser lo que fuiste sin mi.