Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

domingo, 30 de agosto de 2015

Déjame verte despertar

Ayer me preguntaron por qué después de casi tres años, todavía sonrío al pensar en aquel verano y en lo que fuimos. Me preguntaron por qué seguía diciendo que habías sido lo mejor que me había pasado si después de ti habían llegado muchos más. Y solo pude decir lo de siempre.

"Porque cuando le vi despertar aquella mañana después de mil polvos la noche anterior y con el pelo alocado, seguía pareciéndome el tío mas perfecto del mundo, incluso con los ojos cerrados"

Y era verdad. Creo que poca gente en la vida tiene la suerte de querer como yo te quise a ti. A sabiendas de que nos saldría mal. Teniendo la certeza de que aunque te dejara ir una parte de mi se iría contigo y contando, por supuesto, con que nadie sabría hacerme feliz de esa forma tan peculiar.
Pero te dejé ir. Porque decían que si quieres a alguien debes dejarlo marchar, y maldito el momento en el que alguien inventó esa puta frase y yo tuve que corroborarla. Maldito el momento en el que nos dejamos vencer por el tiempo cuando llevábamos luchando años luz y nos quedaba cruzar el puto túnel cogidos de la mano. Y maldito el momento en el que me soltaste y caímos en el precipicio del olvido, sabiendo que no pasaría una noche en la que no nos pensáramos antes de ir a dormir. Aunque estuviéramos abrazando otras heridas y mordiendo otra sonrisa. Aun así.

Y sé que no sirvieron de nada mis lágrimas. Que a ti ya no te quedaban ganas de quedarte despierto toda la noche para ver un nuevo amanecer conmigo. Que no querías que fuera yo quien mordiera ese labio o quien simplemente te mirara mientras caminabas por nuestra, bueno, tú habitación. O quizás sí pero no estabas dispuesto a pagar el precio de la duda de que volviera a salirnos mal. Y esa vez no me perdí, te perdí a ti. A tus besos de buenos días y a tus abrazos de buenas noches. A tus "no tardes porque voy a echarte de menos" y esos besos en mitad de la noche mientras creías que dormía.
Perdí la inocencia de creer que seríamos eternos, no leyenda. Y aun así, después de perder todo, me quedé sentada en ese banco, ¿recuerdas? Donde me pediste que fuéramos siempre nosotros sin importar que dijera el mundo cuando a mi me estaba costando avanzar. Me quedé parada mirando ese autobús sabiendo que volvería a perderlo mil días más con tal de un "y si.." más a tu lado.

Así  que sí, todavía sonrío al pensar en aquel verano, porque aunque te perdiera después de todo, nadie, nunca, podrá quitarme el hecho de que te tuve. Y sé que pocas podrán volver a tenerte como lo hice yo. Y, qué quieres que te diga amor, pero para mi eso es una gran victoria.
Recuérdame, aunque sé que lo harás, después de todo, la vida está hecha de buenos momentos y sé que yo soy el mejor de ellos.