Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Te fuiste.



Que esto que tengo por vida no hace mas que subir y bajar, y yo ya estoy cansada.
De pocos pros y tantos contras.
De creer en algo, en mi, y luego fallar. Como te falla todo.
No son las mismas ganas las del comienzo que las del final, ¿eh? Y duele, porque no sabe hacer otra cosa más que demostrarte que no vales para nada mas que para plasmar tu dolor en palabras. Las mismas que acabaran en vacíos, o igual, si nos ponemos melancólicos, en rotos.

Que ya no sé que hacer para vivir, o para sentir que vivo. Mis ganas de ti aumentan y sin embargo lo único que sé hacer es alejarme y sentirme sola, y ya sabes el miedo que me dio siempre el estarlo. Eso de levantarme una mañana y sentir que ya no estás, y es que joder, te has ido. No irte de desaparecer porque sigo viéndote sonreír cada vez que cierro los ojos; pero te has ido de esa forma en la que se van las personas cuando quieren desaparecer de tu vida e intentan lo imposible para que les odies, y sin embargo solo producen mas dolor.
Te has ido como se fue la primavera y de la misma manera que llegó el otoño, dejando recuerdos que pesaban demasiado.
Te fuiste esperando que fuera detrás, y sin embargo solo supe quedarme quieta creyendo que sería uno de tus tantos enfados.
Te fuiste de la misma forma que vienen las tormentas, inesperadas y que dejan mil rotos y desastres por arreglar.
Te fuiste prometiendo que no te irías.  Y ahora tengo que explicarle al corazón por qué no quisiste quedarte, si por mis manías o por mis enfados te cansaste de aguantar a este desastre. Si fue porque no me gustaba cocinar o porque siempre elegía el mismo lado de la cama. Si esto es solo uno de tus planes, sí, de esas veces en las que solo querías apartarte del mundo y sentirte bien sin mi.

Que me he quedado vacía desde que te fuiste, sin monedas ni recambios porque aposté por ti y por esto hasta el último aliento, y me has dejado sola.
Y que vengan ahora y me digan que no vale la pena estar así por ti que te juro, los estampo uno a uno contra la pared, así, sin maldad alguna. Porque nunca he buscado palabras de consuelo, sólo quise entender por qué te fuiste, y ahora lo sé;
te fuiste para volver.
Para creer de nuevo en los comienzos, para volver a enamorarte y sentir el primer abrazo.
Te fuiste para que entendiera lo que era estar sin ti y valorar tu presencia, o esa rutina de verte sonreír.
Te fuiste para demostrar que nadie me querría como lo hacías tú.
Te fuiste creyendo que nada cambiaría y sin embargo pusiste mi vida patas arriba.

Y ahora que te has ido te pregunto, ¿cuando piensas volver?