ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

sábado, 29 de marzo de 2014

Cartas al portador.

A mi vida, el que tanto me ha dado, el que tanto me ha enseñado y el que me demostró que se puede disfrutar de cada momento.

Hace 928 días desde que te fuiste y he pensado que la mejor manera de recordarte es escribirte esta carta como tantas veces habías hecho tú conmigo. Para decirte que aún te echo de menos. Que todavía aquella sudadera huele a ti y que nuestra foto, sigue colgada en el mismo lugar que la dejaste. 
He de serte sincera, ya no lloro tanto por tu ausencia, como dijiste; con el tiempo todo se haría más llevadero, más fácil, pero no puedo negar que el lado derecho de la cama aún lleva tu nombre. Que desde que te fuiste, no he querido ser de nadie más. Que desde que te fuiste, no he reído como lo hacía contigo. No he llorado, y por supuesto, no he amado como llegué a amarte a ti.  Que sí, que sigo con mi vida, sigo quejándome de mis granos, sigo diciendo que estoy horrible me ponga lo que me ponga y sigo recordando tus 'eres preciosa'. Que mi manía de comer chocolate cuando estoy nerviosa y poner el pie derecho primero al bajar de la cama para tener un buen día siguen formando parte de lo que soy. Que a veces, cuando hace mucho viento, me gusta bajar a la calle, cerrar los ojos y sentir que estás abrazándome por la espalda. Y nuestro banco sigue siendo aquel lugar que guarda tantas reuniones y risas. Tantos besos y tantos 'te quiero' al oído. Todo sigue igual pero distinto a la vez. Todo es extraño sin ti.
Esto no es como cuando te dejan, que sigues viendo a esa persona aunque no quieras, este sentimiento es distinto. Nosotros nos queríamos, pasase lo que pasase, nos queríamos; y el destino quiso que yo siguiera mi vida sin él. Y aquí estoy pequeño, después de esos 928 días sin ti sigo queriéndote igual que el primer día. Y puede que ya no vuelva a saber lo que es un abrazo tuyo, pero me consuela saber que yo fui la última en verte sonreír.