ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

domingo, 2 de marzo de 2014

El segundo banco a la derecha.

Suena la música. Triste, como siempre. Pero qué le hago si creo que desde que te fuiste, he vivido en días grises, o quizás en algún que otro nublado. Pero a la larga, todos acaban igual. Estoy cansada de decir que pongo puntos finales a cosas, que sé de sobra que nunca dejaré de sentir. Es irónico, ¿eh? Como nos intentamos engañar para creer que somos felices, que podemos vivir la vida y que conseguiremos salir a flote solos; y aquí han pasado ya tres años que en cierto modo, son un suspiro. Porque no te negaré que todavía recuerdo tu último abrazo, o tu olor, esa colonia que tanto detestaba pero que al fin y al cabo, te caracterizaba. Que todavía puedo ver tu sonrisa al cerrar los ojos, o escuchar tu risa al contar chistes malos. Después de todo, dicen que siempre hay que quedarse con lo bueno, ¿no? con las experiencias y las sonrisas que te trajeron éstas, pero no puedo obviar que de verdad pensaba pasar mi vida contigo, aunque hubiese sido en ese banco, o en aquel sofá que tantas cosas ha vivido con nosotros. O simplemente en cualquier lugar del mundo donde hubieras estado tú. De verdad creía que eras el chico de mi vida, mi primer amor y posiblemente el último; por el que todavía sonrío y lloro al recordar cada momento a su lado. 
Sé que siempre digo lo mismo, que fuiste el mejor, que fuiste mi chico; el amor de mi vida. Pero...en cierto modo, es lo que verdaderamente pienso. Igual creéis que soy idiota por seguir enamorada de alguien después de tres largos y jodidos años siga viendo pasar por mi lado y piense que ya no sonríe por mi, o chocarme con él por los pasillos y oler su colonia y no poder abrazarle para que se impregne en mi sudadera. Sé que todo eso hace mucho que quedaron en simples recuerdos o igual para él, en nada; pero en un día como hoy, 1 de Marzo, no puedo negarte un tablón más que sé que ni leerás, que ni te interesará, pero creo que lo necesito, no para arrastrarme sino para que cualquiera pueda darse cuenta de que el amor no solo son flores y tres besos durante un paseo, de que el amor no se esfuma de la noche a la mañana y sobre todo, de que hay que luchar por la persona que amas hasta el final.
Yo me di cuenta tarde de que me había enamorado, o quizás lo sabía pero tenía miedo a decirlo; ya sabes, te sientes mas indefensa cuando sabes que pueden hacerte daño. Y al final, como todos los cuentos y todos los sueños, se acabó. Y después de tres años solo me queda decirte de nuevo, y no por última vez, que te quiero; que te quiero como no he querido a nadie y que pase lo que pase estoy orgullosa de haber pasado contigo los mejores meses de mi vida.