ríete,
mucho;
ríete tanto que duela.

martes, 25 de noviembre de 2014

Que lo malo abunda y lo bueno poco se agradece.

Hoy he mirado nuestra foto, esa que nos hicimos el primer día que me dijiste que era lo mejor que te había pasado. Hoy he recordado como nos conocimos, esa forma en la que me miraste y el primer escalofrío al notar tu mano con la mía. La primera cita, el primer abrazo…
Hoy he recordado nuestro aniversario, la sorpresa que me diste y lo poco que sabías que me gustaban. Me he puesto esa sudadera tuya que tanto me gustaba y seguía oliendo a ti. He visto nuestro anillo, esa tontería que hicimos de comprarnos uno como si lo nuestro fuera a ser eterno. También he leído la carta, aquella en la que decías mil tonterías para que me sintiera bien cada vez estuviera mal y la leyera. La he visto, y he echado de menos reírme de esa forma contigo. Y es que echo de menos tener a ese alguien que haga que la vida sea más fácil, más llevadera. Echo de menos despertarme con ganas de comerme el mundo al lado de alguien y maldecir no verle al otro lado de la cama. Echo de menos echar de menos, o un te quiero. Echo de menos los paseos por el parque o las tardes de pelis y mi rutina de quejarme porque iba a ponerme gorda, tu sonrisa, tu beso y tu ‘aún así te seguiré queriendo’.
Y es que han pasado ya dos años, he conocido a gente y sin embargo sigo sentándome en ese lado de la cama, como si aún esperara a que ocuparas el otro. Como si creyera que algún día volverás a abrir esa puerta y me darás tu beso rutinario. Como si volviera a levantarme de la cama con ese olor a gofres que tanto me gustaba.
Te aseguro que lo intento, pero no es fácil borrar esos recuerdos. Pero sí, estoy bien, que no te tenga no significa que no haya aprendido a vivir sin ti, o sin ser adicta a esos besos. Después de todo luché, quizás no por retenerte pero sí por hacer que volvieras; por hacerte creer que esto que teníamos por vida, era más bonita si estábamos juntos. Y a pesar de todo, de perder o perderte, de creer o no creerme, de seguir o tener que dejar de hacerlo; estoy  aquí. Y ya no te pido que vuelvas, simplemente quería decirte que hoy he vuelto a abrir ese cajón, el de los recuerdos digo; y has vuelto a ser portada del periódico diario de mi vida.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Mi mundo se ha caído y esta vez no estás aquí para levantarme.

Podría decirte tantas cosas para que te quedaras... Podría ir y decirte que eres lo mejor que me ha pasado, que recordaré siempre la primera vez que te vi sonreír sabiendo que yo era el motivo. Que no querré a nadie como te quise a ti, y que no podré olvidar tu manera de hacerme feliz. Puedo decirte que rompiste la promesa que me hiciste, sí, ¿recuerdas? Quererme, pasara lo que pasara y le pesara a quien le pesara. Luchar por mi, por esto; y sobre todo, no romperme.
Cada día soy más imbécil, por creer en palabras que al final solo quedan en vacíos. Darme cuenta de que al final mi único apoyo son las palabras, las ganas de querer a todo el mundo y que nadie nunca me quiera a mi. Expresar lo que me duele y que nadie sea capaz de entender. Creí que era una virtud, pero ahora me siento sola. Sola de verdad. Después de todo, solo tú sabes lo que pasó entre nosotros. Solo tú sabes lo que dueles, o quizás ni eso.

¿De que me vale que todo el mundo me diga que soy capaz de salir de esto si ni yo misma creo ya en mi?
Que ganas de olvidar no me sobran, te lo aseguro, pero cuesta; después de todo, pensaba que serías mi futuro.

Ojalá.
En eso se basan mis días, quererte y no querer hacerlo. En echarte de menos, en pensar que ojalá volvieras. Y no me queda nada, porque si consideras que los recuerdos y las ilusiones son algo, entonces, estoy llena; aunque me siento vacía. Vacía y a la vez reboso optimismo, como si una parte de mi se muriera porque volvieras y otra deseara dejarte en paz. El puto amor odio, eso de sentir que muero pero sigo viva. Como si mi vida fuera a seguir sin ti.

Y estoy perdida, por quererte o no hacerlo, qué sé ya. Igual no te quiero, igual simplemente me acostumbré a quererte y no me di cuenta de que en realidad lo hacía; sería bonito, ¿eh? Así no sufrir. O igual te quiero, y más que a mi vida. O quizás te quiero pero estoy dejando de hacerlo, ya ni sé. Qué esperar, de ti, de mi, de esto que tengo por corazón que está esparcido por todo el suelo y gritando que le salven, que lo hagan de verdad, no como dijiste que harías tú; que sólo supiste darle alas para luego cortarlas. Que dejaste que se ilusionara de palabras en las que ni creías. Y estamos perdidos, él y yo, yo y él; porque, qué quieres que te diga, esta vez ser tres, no estaba de más.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Te fuiste.



Que esto que tengo por vida no hace mas que subir y bajar, y yo ya estoy cansada.
De pocos pros y tantos contras.
De creer en algo, en mi, y luego fallar. Como te falla todo.
No son las mismas ganas las del comienzo que las del final, ¿eh? Y duele, porque no sabe hacer otra cosa más que demostrarte que no vales para nada mas que para plasmar tu dolor en palabras. Las mismas que acabaran en vacíos, o igual, si nos ponemos melancólicos, en rotos.

Que ya no sé que hacer para vivir, o para sentir que vivo. Mis ganas de ti aumentan y sin embargo lo único que sé hacer es alejarme y sentirme sola, y ya sabes el miedo que me dio siempre el estarlo. Eso de levantarme una mañana y sentir que ya no estás, y es que joder, te has ido. No irte de desaparecer porque sigo viéndote sonreír cada vez que cierro los ojos; pero te has ido de esa forma en la que se van las personas cuando quieren desaparecer de tu vida e intentan lo imposible para que les odies, y sin embargo solo producen mas dolor.
Te has ido como se fue la primavera y de la misma manera que llegó el otoño, dejando recuerdos que pesaban demasiado.
Te fuiste esperando que fuera detrás, y sin embargo solo supe quedarme quieta creyendo que sería uno de tus tantos enfados.
Te fuiste de la misma forma que vienen las tormentas, inesperadas y que dejan mil rotos y desastres por arreglar.
Te fuiste prometiendo que no te irías.  Y ahora tengo que explicarle al corazón por qué no quisiste quedarte, si por mis manías o por mis enfados te cansaste de aguantar a este desastre. Si fue porque no me gustaba cocinar o porque siempre elegía el mismo lado de la cama. Si esto es solo uno de tus planes, sí, de esas veces en las que solo querías apartarte del mundo y sentirte bien sin mi.

Que me he quedado vacía desde que te fuiste, sin monedas ni recambios porque aposté por ti y por esto hasta el último aliento, y me has dejado sola.
Y que vengan ahora y me digan que no vale la pena estar así por ti que te juro, los estampo uno a uno contra la pared, así, sin maldad alguna. Porque nunca he buscado palabras de consuelo, sólo quise entender por qué te fuiste, y ahora lo sé;
te fuiste para volver.
Para creer de nuevo en los comienzos, para volver a enamorarte y sentir el primer abrazo.
Te fuiste para que entendiera lo que era estar sin ti y valorar tu presencia, o esa rutina de verte sonreír.
Te fuiste para demostrar que nadie me querría como lo hacías tú.
Te fuiste creyendo que nada cambiaría y sin embargo pusiste mi vida patas arriba.

Y ahora que te has ido te pregunto, ¿cuando piensas volver?