Si algo le pido a la vida,

es que no me faltes nunca.

domingo, 19 de octubre de 2014

¿Te acuerdas? Decían que la vida no valía la pena, estaba claro que no te conocían.

Por una vez no busco palabras que me digan que todo va a salir bien, ni mucho menos, que crean que saldré de esta. No sin ti.
Mi vida ha sido un constante sube y baja desde que te conocí, no busqué quererte y sin embargo lo hice; por ti, por mi, por tu felicidad y porque eso conllevaba a la mía.
Y te perdí, como pierdo todo; por miedo a perder. Por no querer caer siempre acabo tropezando con esta puta piedra, la esperanza. Esperanza de ser feliz y que alguien luche por mi sin dudarlo. La esperanza de levantarme cada mañana y creer que  la vida no es bonita si no te tengo. Creer que pese a todo, el jodido día que te vea hará que todas las lloreras y las noches que me he sentido sola, no hayan sido en vano. Pero para variar, acabo abriendo los ojos con un tortazo, de esos que hacen que absolutamente todo, deje de valer algo.

Nunca busqué que esto llegara a más de un simple 'hola' a través de un chat, y sin embargo, una vez más mis palabras vuelven a estar rotas, a estar vacías de tal manera, que crea que nadie pueda arreglarme. He luchado por algo que al final, solo ha sabido darme puñaladas y dime tú para qué sirve seguir aquí si nada de lo que quiero lo tengo. Si mis mañanas son oscuras, y las noches ni te cuento. Si mi manera de ver la vida y mi futuro se han vuelto gris porque ya no te veo en ellos. Si las promesas y los 'te quiero' se quedaron en el aire de tal manera, que solo pueda verlos desaparecer.

Que sí, que posiblemente ahora sólo sepa llorar y la mitad de la gente no entienda lo que hubo, lo que tuvimos ni mucho menos, lleguen a entender lo que te quise, te quiero; y espero no seguir haciendo en poco tiempo.
Que igual, si te paras a pensarlo esto no es un simple adiós, sino un hasta luego; pero siempre supiste que cualquier despedida me dolía por el hecho de no tenerte aquí. Como también echar de menos cosas que ni siquiera había tenido y que en teoría, llegaría a tener algún día.

Dicen que de buena soy tonta, que debo olvidar hasta las comas de esos 'te quiero, mi vida'; que debo borrarte de la faz de la tierra y que así la vida será mas llevadera sin recuerdos que, para que negarlo, harán daño; pero no puedo. No puedo por el simple hecho de que sigo esperando que esto sea una de esas pesadillas en las que te despiertas y tienes a la persona que quieres al otro lado de la cama, abrazándote.

Pero no te preocupes por mi, como dije y diré siempre; a base de palos se aprende y yo a la larga prometo ser experta. Prometo levantarme cada mañana pensando que la vida va a ser bonita porque sí, porque me apetece. Prometo sonreír al decir 'pa ti mi cola' y recordar esos 'pero que troll'. Prometo valorarme y aprender de todos los errores que cometí contigo. Prometo escuchar aquel grupo de música y acordarme de ti cantando al otro lado del teléfono. Te prometo que no olvidaré esos te quiero y tus 'me encanta que esté así de ñoña'. Y sobre todo, prometo ser feliz; por ti, por lo que tantas veces prometimos y por cada 'vales más que toda esta mierda'.

Mi error no fue quererte, quizás mi error fue, simplemente, creer que me querrías tú, y para toda la vida.

lunes, 13 de octubre de 2014

Un nuevo amanecer

Otro día más tu lado de la cama,
está vacío. 
Otro día más pienso en tu ausencia.
Y es que en mi vida es invierno desde que te fuiste. 
Y es que, si lo pensáis, las relaciones van ligadas a las estaciones. 
El verano y su amor, su calor; sus ganas. 
La primavera y su comienzo, su ilusión; los primeros besos y el eterno abrazo de despedida. 
El otoño y su impaciencia, su manera de marchitar poco a poco algo por lo que luchas y que solo sabe caer. 
El invierno y su final, triste, frío; solo. El último abrazo, el último beso y la última vez que escucharás un te quiero que te haga poner la piel de gallina. 

Mi invierno se basa en él. En mi sonrisa marchitada por el otoño y en los recuerdos de nuestra primavera. El verano, caluroso por esas ganas de más que nunca llegaron y en el final de todo, de la vida que comenzó y que, indudablemente, como todo, acabó en silencio. 

Fue mi milagro, mi flor; la misma que creció y marchitó en simples meses. Mi momento de esplendor, mi vida. 
Fue mi recuerdo mejor guardado y mi primer beso. Mi piel de gallina por esos besos en el cuello y el último susurro en aquella habitación. 

Y qué más puedo decir si vuelve a ser invierno, y tu lado de la cama sigue vacío por tu ausencia. 

domingo, 12 de octubre de 2014

¿Aceptas no tener que aceptar?

Estoy en uno de esos puntos en mi vida en los que tengo que elegir entre blanco o negro. El dichoso sí o no que sabes que te cambiará la vida.
Me he pasado años buscando la felicidad para luego darme cuenta de que en realidad, no existe. 
Escribimos poesía y amamos el amor porque es la única forma que tenemos de sentir que hacemos algo aquí que realmente vale algo. Y yo ya me he cansado. No quiero caer para luego tener que levantarme. ¿Alguien se ha parado a pensar qué pasa si quiero quedarme aquí tumbada? La vida no solo hay que mirarla desde arriba amigos. Tampoco quiero aprender a base de palos ni que me rompan el corazón; pero todos sabemos que basta querer que algo no ocurra para que suceda. 
No busco que nadie me quiera por lo que creen que soy; quiero que me quieran por mis defectos, por mi manía de no sonreír y sentirme sola incluso estando rodeada de gente. Quiero que se molesten en conocer lo que realmente vale de mi. Quiero a alguien que venga, y me dé una de esas lecciones en la vida y me demuestre que todo en lo que creo es mentira; que detrás de tantas frases filosóficas con significados que nunca entenderé tienen sentido, y que quizás la felicidad se encuentra en el lugar donde menos lo esperes, por ejemplo su sonrisa. 
Yo quiero encontrar su sonrisa, enamorarme de ella y creer que la vida es bonita incluso con decepciones. 

viernes, 10 de octubre de 2014

Uno hacia delante y dos hacia atrás.

A lo largo de la vida aprendemos que hay que luchar por lo que verdaderamente se quiere. Aprendemos que caer a la larga, siempre significa levantarse y que una sonrisa, no siempre significa estar bien.

He caído tantas veces que, si os soy sincera, ya ni recuerdo el número de ellas. Ya no recuerdo la primera vez que creí que todo sería posible y que jamás se borraría la sonrisa de mi cara. Ni si quiera recuerdo lo que era no tener recuerdos de nada, ni dolor. Ni mucho menos, lágrimas.

A veces crecer solo significa perder, o tal vez, darse cuenta de que la vida deja de ser vida cuando no disfrutas de ella. Cuando aprendes que la felicidad no es un estado de ánimo sino un simple instante.
Y eso fue él, mi instante de felicidad. Fue esas ganas de comerte el mundo y las mismas de desaparecer, pero a su lado. Fue, por así decirlo, mi vida.
Esa vida que sabes que tarde o temprano acaba; como la canción que tanto te gusta, sabes que la podrás repetir mil millones de veces, que puedes disfrutar de cada segundo de ella recordando la letra; pero que terminará acabando en nada. En silencio. El mismo que dejó él cuando cerró la puerta de esto que tenía por corazón dejándolo roto.

Puedo aseguraros que luché por esto como, quizás, nunca lo había hecho por nada. Pero aún así, te das cuenta de que la vida no la regalan; y menos aún la felicidad.

Pero no sintáis pena por mi, porque puede que ahora mismo tenga el corazón tan roto que me sea imposible reconstruir. Puede que ahora mismo solo me apetezca llorar y evadirme del mundo haciendo lo mejor que sé hacer. Puede que ahora parezca que nada vale la pena; pero os aseguro que no cambiaría ese tiempo a su lado por nada.
Y os juro, que no hay cosa de la que más orgullosa esté que de que haya sido él quién me haya hecho feliz.